Ante los escenarios actuales de las ilegalidades, el tema de la venta de gas licuado normado en Contramaestre urge de una voluntad y decisión para poner orden, velar por la licitud de la comercialización de tan demandado producto, y el control de los espacios públicos para alcanzar lo que todos conocemos como balitas.
La situación, muy preocupante en Contramaestre, ha generado por estos días una alarma social que pone en tela de juicio la labor de trabajadores pertenecientes a Gas Licuado Petróleo en el municipio y la conducta de muchas personas inescrupulosas, que a río revuelto… ganancia para unos pocos.
El panorama en el territorio no alejado de la realidad nacional por problemas de financiamiento, debido a la compleja situación para realizar los pagos como consecuencia del bloqueo, deja en las personas beneficiadas de ese combustible doméstico un sabor bien amargo, que desdice de la esencia de los conceptos del socialismo cubano.
Los cuestionamientos desde el pasado 30 de noviembre y hasta hoy, ajustados a la escasez y necesidad de gas licuado, redundan en el enfrentamiento a un mal que se ha expandido como una enfermedad en fase terminal, sin que hasta ahora aparezca una solución atinada que favorezca al pueblo.
La casta creada para fomentar la ilegalidad, manifiesta también en cierta corrupción, es de moda por estos días en las afueras de la Casa comercializadora de gas licuado, ubicada en el Consejo popular de América Libre.
En primer lugar, la desobediencia al término de prioridad de los clientes pendientes de compras anteriores no se tuvo en cuenta, pues inicialmente se indicó una sola cola en ambas aceras en las afueras de la entidad bajo una estrategia administrativa de trillar los casos pendientes para la venta de la balita, lo que evidencia la subjetividad en una selección para acceder al producto.
Otras de las realidades allí vividas, fue el fenómeno de los coleros, cuyos rostros se reparten números para vender a 1000, 1 500 y hasta 2000 pesos los turnos de la cola, sin importar personas de respeto que sí cuidaron su orden de llegada, sujetos a malanoches, lluvias y molestos apagones.
En Contramaestre también es palpable en el mercado informal la venta de una balita llena que ha tenido un valor de hasta 10 000 pesos, cuya promoción en plataformas digitales no niega la procedencia de un recurso que solo es garantía de Unión Cuba Petróleo, saliendo de un mercado subterráneo con precios de otro planeta y al libre albedrío sin que nadie se pregunte de dónde salen esas balitas llenas con gas licuado.
Y ni hablar de la presencia de un cuerpo de protección para organizar y exigir respeto en esas colas, ni un funcionario administrativo, ni representante de la Dirección de Supervisión Integral, por lo que el desorden allí manifiesto, se traduce en una indisciplina social que no ha podido ser controlada por los propios representantes de la referida casa comercial Cupet en Contramaestre.
El desparpajo, según opiniones de muchos, ha desencadenado en riñas tumultuarias o peleas, robo de balitas, palabras obscenas, gritos, ofensas al sistema y cuadros del municipio, sin hacer acto de aparición la responsabilidad institucional, la que sí tiene actuación para tales casos en circunstancias excepcionales.
Según consideraciones periodísticas sobre la venta de gas licuado normado que por estos días tiene lugar en el municipio, Contramaestre se presenta en la comercialización de balitas con falta de licitud, control y orden, lo que amerita voluntad y decisión para corregir tales distorsiones.
Dicho de otra forma, hay que ponerle carácter al enfrentamiento para frenar la descontrolada ilegalidad, pues en río revuelto ganancia para unos pocos, lo que se traduce en un estrago permanente en el bolsillo de los contramaestrenses.

