No es un sueño, es verdad. Es el Grito de guerra. Es el clamor enfurecido; es la voz del sufrimiento del negro resignado. Rugía el cañón y los tambores de peleas; cundía el pánico. Era el Grito por la Independencia.
La tañida campana en La Demajagua marcaba el comienzo, estremeciendo la Isla para romper las cadenas caminos a la libertad. Unidad, justicia e igualdad; blancos y negros; libres y esclavos era la causa revolucionaria.
Quebró Cuba el dogal que la oprimía. Carlos Manuel de Céspedes y otros libertarios empuñaban las armas para despertar el decoro dormido en el pecho de los hombres.
Ir al combate, nunca sin miedo, para que latiera el corazón por la libertad, para hacer caer verdugos que pretendían eternizar la esclavitud, era el Grito de almas nobles de Cuba contra España.
La Patria se levantó por vez primera para convocar a la Guerra de los Diez años, para impedir la esclavitud en esta tierra, para encausar una Revolución conquistadora de la total independencia.
A la distancia de 155 años del comienzo de 100 años de lucha, del inicio de la Revolución en Cuba, el 10 de Octubre en la Isla, es el símbolo de altivez de una Patria libre que yergue su cabeza frente al más brutal imperio.

