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La forja del revolucionario Fidel Castro

Era septiembre del 1945 cuando un joven de 19 años, llamado Fidel Castro, ingresa en las carreras de Derecho y de Ciencias Sociales y Derecho Diplomático en la Universidad de La Habana, donde inmediatamente se incorporó a las luchas políticas estudiantiles con destacada labor revolucionaria en varias organizaciones progresistas y anti-imperialistas, por la que fue golpeado y encarcelado más de una vez.

Desde muy temprano, Fidel mostró su vocación internacionalista, al incorporarse al contingente expedicionario que se organizó y entrenó en Cuba para luchar en la República Dominicana contra el dictador Rafael Leónidas Trujillo, acción frenada por la marina cubana. Para entonces, el joven estudiante fue ascendido de jefe de pelotón a jefe de compañía.

Ya en el Partido del Pueblo Cubano, conocido también como el Partido Ortodoxo, liderado por Eduardo Chibás, participó activamente en las campañas políticas para desenmascarar la corrupción del gobierno de Carlos Prío.

Después de su participación en la expedición contra Trujillo, viajó en 1948 a Venezuela, Panamá y Colombia como dirigente estudiantil, con el objetivo de organizar un Congreso Latinoamericano de Estudiantes, que debía efectuarse en ese último país.

En Bogotá se unió a una rebelión por el asesinato del líder colombiano Jorge Eliécer Gaitán, en la cual estuvo a punto de perder la vida.

En marzo de 1949, ante la ofensa de marines norteamericanos al monumento del Héroe Nacional de Cuba, José Martí en La Habana, Fidel lideró una protesta frente a la misión diplomática de Estados Unidos.

Al ocurrir el golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, fue de los primeros en denunciar el carácter reaccionario e ilegítimo del régimen de facto y llamar a su derrocamiento.

El 26 de julio de 1953 comandó el asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba y al cuartel de Bayamo, en una acción concebida como detonante de la lucha armada contra el régimen de Batista.

Al fracasar, varios asaltantes caen prisioneros, entre ellos Fidel. Aun en prisión mantiene su papel de líder, y se consolida cuando en el juicio, en acto de defensa da a conocer el alegato La historia me absolverá , que constituyó la esencia de de la futura Revolución cubana.

Luego de la amnistía en mayo de 1955, el líder revolucionario fundó el Movimiento de 26 de Julio, y luego con un grupo de compatriotas marchó a México, desde donde salió el 25 de noviembre de 1956 en el Yate Granma con 82 expedicionarios. Desembarcó, e inició la lucha que derrocaría a la tiranía de Fulgencio Batista el 1ro de enero de 1959.

Así surgió y maduró el pensamiento revolucionario de Fidel Castro, quien, dada su estatura política en Cuba y en el mundo escribiera gloriosas páginas que recogen, por un lado, la hazaña de mantener a un pueblo fiel a sus principios revolucionarios y sin doblegarse ante los embates del imperialismo norteamericano por más de 60 años; y por el otro, la más alta manifestación de solidaridad con la humanidad.

 

Fidel por siempre en su pueblo

Cada agosto en Cuba crece para atrapar a hombres en instantes de la vida; para marcar la llama que alumbra el universo con sus ideales y conquistas. Cada agosto en Cuba se multiplica en honor al Comandante Fidel Castro, cuando se acerca el día 13, porque su Patria siente orgullo del hijo más digno de Martí, que hizo cumplir su obra.
Agosto reverdece en el calendario el alumbramiento de un Héroe único en Cuba y el mundo, que en cada batalla demostró el valor de sus doctrinas; un guerrero que anidó en el pecho de cada mujer, anciano o niño la bondad difícil de olvidar.
Es Fidel quien resurge por su grandeza, al ser el Quijote que alzó su voz por el bienestar de todos los seres humanos y la lucha por la paz mundial. Con devoción tu Cuba te ama, como mismo amaste el 26 de julio en el otrora cuartel Moncada, como mismo supiste desembarcar en el “Granma” para hacerte más inmenso en la Sierra Maestra.
La proximidad de tus 95 años este 13 de agosto, cabalga en esta hora milagrosa, cuando todos enamorados de tu creación caminamos agradecidos por tu legado, por nuestra genuina cubanía, por nuestra auténtica Revolución.
Andamos contigo profeta de la aurora, con tu pensamiento humanista como libro de cabecera. A todas luces palpamos tu fe por la Ciencia y sus hacedores, esa que hoy nos ayuda a librar un virus mortal. Gracias a ti Fidel por la obra prometida, por la acción solidaria que desde tu triunfo ejercitaste por tu pueblo. Gracias por ser de verdad, por la utilidad de la virtud, frente a un imperio que nos enseñaste a conocer para nunca ser pisoteados.

Fidel Castro visto por Salim Lamrani

Hoy, 13 de agosto, día en que el pueblo cubano y buena parte del mundo, celebra el aniversario 95 del natalicio de nuestro invicto Comandante en Jefe, Fidel Castro, cuyo legado prefiero recordar al eterno jefe de la Revolución cubana a través de la valoración que hace alguien que nos es cubano, el periodista e investigador francés Salim Lamrani.

Y cito:

Hay hombres que atraviesan los siglos y se inscriben en la eternidad, pues personifican principios. …Fidel Castro, el otro nombre de la Dignidad, tomó las armas para reivindicar el derecho de su pueblo y de todos los condenados de la tierra a elegir su propio destino, atizando la aversión de las fuerzas retrógradas a través del planeta.”

El periodista francés consideró que Fidel reivindicó el derecho inalienable de su pueblo a la autodeterminación, al romper las cadenas hegemónicas impuestas por Washington.

Decía prominente periodista galo:

A pesar de los recursos sumamente limitados y un estado de sitio implacable impuesto por Estados Unidos durante más de medio siglo, Fidel Castro hizo de Cuba un modelo para las naciones del Tercer Mundo, universalizando el acceso a la educación, a la salud, a la cultura, al deporte y a la recreación. Probó así ante los ojos del mundo que era posible establecer un sistema de protección social eficiente para toda la población y ubicar al ser humano en el centro del proyecto de sociedad…”

Fidel Castro, el otro nombre de la Dignidad, a decir de Lamrani, quedará en la historia como el héroe de los desheredados, el que defendió el derecho del pueblo a una vida honorable, el que hizo de la soberanía de Cuba una realidad inalienable, el que expresó una solidaridad en todos los instantes con los oprimidos. Odiado por los poderosos … por atreverse a proponer una repartición más equitativa de las riquezas…

Fidel queda como guía iluminador de los caminos hacia la dignidad plena de hombres y mujeres amantes y necesitados de la paz, y la vida decorosa. Nos enseñó a los cubanos a luchar, a resistir, construir, y preservar; y a la humanidad oprimida a luchar y a vencer.

Frei Betto califica a Fidel Castro sembrador de esperanza liberadora

Brasilia, 10 ago (Prensa Latina) El reconocido escritor brasileño y teólogo de la liberación Frei Betto calificó al líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, de cultivador de semillas de esperanza liberadora que fructificaron en el pueblo de Cuba.

‘Amigo y comandante Fidel, en sus 95 años tengo presente la cita de (José) Martí: toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz’, expresó Betto en un video que circula en Internet y en redes sociales, a raíz del aniversario de nacimiento del Comandante en Jefe el 13 de agosto.

El fraile dominico recordó que esa frase martiana está en la tumba de Fidel Castro en Santiago de Cuba (en el oriente de la isla) y ‘siempre pienso que tú has sido este grano de maíz porque en tu humildad no quisiste tu nombre en ningún monumento, en ningún hospital, en ninguna escuela, en ninguna parte’.

Solamente usted, refiere el intelectual en el audiovisual, ‘ha sido un sembrador y las semillas de tu esperanza liberadora se han fructificado en el pueblo cubano, en su resistencia al criminal bloqueo de Estados Unidos’.

También en ‘su labor científica que ha producido vacunas contra la Covid-19 como único país de América Latina, en su heroica lucha internacionalista de apoyo a muchos pueblos del mundo’.

‘Y sobre todo usted, remarca Betto, conquistó algo que ningún país de nuestro continente ha logrado: soberanía, independencia ante el imperio de Estados Unidos. Muchas gracias Comandante’, expresó.

En el aniversario del pasado año por el nacimiento 94 de Fidel Castro, el autor brasileño de casi 70 libros escribió que el mundo necesitaba la lúcida inteligencia del revolucionario cubano para enfrentar la pandemia de Covid-19.

Manifestó que el patógeno expuso, ‘como nunca antes, las entrañas podridas del capitalismo, la desigualdad social abismal, la suprema contradicción entre un sistema que produce admirables avances tecnológicos, pero que no es capaz de evitar que la humanidad se vea afectada por un simple virus’.

‘Doy gracias a Dios por el regalo de tu vida, Fidel. Aquí continuamos en nuestra responsabilidad de ser fieles a su legado y dignos de su ejemplo de vida y lucha’, subrayó Betto finalmente.

(Tomado de PL)

Convocan en Cuba caravana por la paz, amor y solidaridad

La Habana, 4 ago (Prensa Latina) Una caravana por la paz, el amor y la solidaridad convocó hoy la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de Cuba para mañama jueves en el malecón habanero.

Los tiempos difíciles son los que muestran las grandezas de los pueblos y Cuba, esta pequeña isla se agiganta ante las dificultades, afirma un tuit de la agrupación juvenil a tono con la convocatoria.

‘La solidaridad del pueblo, nos permitirá vencer y fortalecer nuestra unidad’, añade.

La caravana coincidirá con el aniversario 27 de hechos ocurridos el 5 de agosto de 1994, cuando un grupo de personas realizó actos violentos y vandálicos en calles aledañas al litoral habanero.

En aquella ocasión el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, se presentó en la zona de conflicto y su presencia concitó el apoyo de la ciudadanía.

Hace solo pocas horas resultó promovida como nueva primera secretaria de la UJC Aylín Álvarez, quien ejercía como segunda secretaria.

El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció en Twitter la trayectoria de Álvarez, ‘una sensible instructora de arte, madre de dos niños y dirigente juvenil con muy buenos resultados’.

“Dentro de la Revolución” sigue existiendo espacio para todo y para todos

Queridas amigas y amigos:

Ante todo la felicitación a los condecorados, desde la admiración, el respeto y el cariño.

Muchas veces en los últimos tiempos he pensado: quién me iba a decir a mí que tal o más cual cuestión me iba a tocar. Pues casi todas me han tocado y ¡de qué manera! Esta es una de las más desafiantes, sin dudas: pensar, escribir y pronunciar unas palabras en recordación de aquellas trascendentales y polémicas, 60 años después.

Confieso que siempre me ha llamado la atención que, al abordar aquel momento, solo reparemos en el discurso del Comandante en Jefe y de forma fragmentada, cuando de aquella reunión debió y debe decirse más, publicarse más, quizás todo lo que aún pueda ser rescatado, como pedía Roberto Fernández Retamar 40 años después, porque es preciso entender las motivaciones de aquellas Palabras que, como ha dicho Jorge Fornet, fueron, quizás, la primera estocada al sectarismo presente entonces.

Hace unos días, preparando las ideas que quiero compartirles hoy, me fui a la cama después de releer lo que dijo Fidel hace 60 años y otros textos, escritos por algunos de ustedes y por otros intelectuales, hoy ausentes solo físicamente, en ocasión de sucesivos aniversarios de aquel histórico diálogo. Confieso que me entusiasmé ante la proximidad de este encuentro por la confirmación de la vigencia de esas Palabras… Bajo esas emociones, escribí el esbozo de lo que voy a expresarles ahora:

Hace 60 años, en diálogo real y honesto con la intelectualidad artística y literaria, el muy joven líder revolucionario Fidel Castro planteaba las bases fundacionales de lo que a lo largo de estos años ha conformado la política cultural de la Revolución Cubana.
Quien dice aquellas Palabras… es un hombre que aún no ha cumplido los 35 años y ya es aclamado como un héroe en Cuba y en gran parte del mundo. Pero no viene a imponer el peso de su heroísmo, ni siquiera el encanto de su fascinante personalidad.

Todavía hoy impresiona su humildad para reconocer que “nosotros estamos aprendiendo (…) nosotros hemos venido aquí a aprender”. Esa parte de su discurso es una lección de ética y de solidez cultural, de respeto al otro; es una prueba de cómo funciona el diálogo verdadero, con el oído atento a las voces inconformes o disonantes y la palabra dispuesta a responder, pero no para vencer, sino para aprender, aceptar, convencer: sin prepotencia y sin soberbias estériles.

No impone, razona. Es un dirigente abierto a una discusión que los propios intelectuales y artistas no habían logrado resolver entre sí.

Como nos recuerda en el catálogo de la exposición Omar Valiño, Fidel “no elude la cita, a pesar de la complejidad de la esfera artístico-literaria, donde grupos y liderazgos luchaban entre ellos por zonas de poder y entre la cual revoloteaba el fantasma de la concepción estalinista de la cultura”.

Recuerdo haberle escuchado a Eusebio alguna vez, tras las emociones vividas en un día de celebraciones patrias, que Fidel había condenado a Cuba, en el sentido más cariñoso del término, a tener siempre una guía intelectual.

Entiendo que hablaba de la intelectualidad en su acepción más amplia y diversa y no reducida a la artística-literaria. Pero no hay dudas de que pensaba en aquella reunión primera, donde el jefe guerrillero, el líder político, el estratega de todas las horas se revela de manera sencilla, pero firme, ante artistas e intelectuales de reconocida obra, como el intelectual indiscutido que siempre fue.

Por eso se detiene en la libertad formal, en el nexo artista-Revolución, hasta llegar a la necesidad de tener en cuenta también a los que honestamente se declaraban no revolucionarios en aquel momento.

En aquellas palabras fundadoras, que han sido referente de cada acción cultural durante todos estos años y de las que a menudo solo se ha extraído una frase, yo advierto dos líneas fundamentales que confluyen en un mismo fin.

Primero aparece claramente la convocatoria a todos los creadores a llevar el arte al pueblo y, a la vez, la afirmación de que la Revolución garantizaría la mayor libertad de creación.

A mi modo de ver, al referirse con claridad a la más amplia libertad formal, distinguiéndola de la siempre compleja y más sutil libertad de contenido, se está abordando abierta y honestamente, sin cortapisas, el desafío que tienen ante sí las nuevas instituciones culturales frente al hecho artístico dentro de la Revolución.

“Dentro de la Revolución”. Esa formulación, que suelen sacar de contexto y presentar como expresión excluyente a los que leen malintencionadamente las Palabras…, es central e insustituible. “Dentro de la Revolución todo” significa que lo único que no está en discusión es la Revolución. No es ella un hecho en disputa. Es el hecho mismo, la razón de ser de aquel encuentro.

Se ha dicho muchas veces y de mejor manera seguramente, pero nadie puede negar que la Revolución Cubana es el hecho cultural multidimensional total, el que despertará a una nación entera al conocimiento y reconocimiento de sí misma; el que abrirá las compuertas de la poderosa creatividad del ser nacional dondequiera que habite, el que nos dará nuevo rostro y alma nueva para hablar de tú a tú y sin minusvalías con el resto del mundo, ya no solo desde las voces y las obras de la vanguardia artística e intelectual que siempre existió, pero en minoría, sino desde la masa pujante y generosa que aparecería, hasta debajo de las piedras de las lomas, a partir de ese otro hecho cultural indispensable que se deriva de la Revolución y solo de ella, que es la Alfabetización.

Basta con mirarlos a ustedes y admirar sus obras, con recorrer las salas de Bellas Artes, el Ballet Nacional, el cine cubano, el teatro, la literatura, la música. ¿De dónde salieron los nombres que no puedo citar porque la lista sería muy larga de tanto talento que nos enorgullece hoy?

El patrimonio cultural que la Revolución encuentra, magnífico por su originalidad y trascendencia, pero excepcional y disperso, por la falta de respaldo institucional hasta 1959, se multiplicó mil veces como consecuencia de una voluntad política que siempre ha tenido a la Educación y a la Cultura como centro de su acción transformadora.

Sin la Revolución, la deslumbrante cultura cubana de nuestra época no sería. Ni siquiera existiría esa parte de la cultura cubana cuyos creadores un día rompieron con la Revolución por disímiles causas, pero han aportado al patrimonio de la nación obras inseparables del curso revolucionario de nuestra historia.

Creo sinceramente, gracias a varias relecturas y análisis de Palabras… en los últimos años, que la intelectualidad cubana derrotó la idea reduccionista que pretendían imponer los adversarios de la Revolución, encerrando en debates estériles una frase, mientras se desconocía la evolución de esas propias palabras en los hechos, la transformación cultural profunda que se había iniciado con el triunfo mismo de 1959 y se desataría después cada vez con mayor fuerza y alcance.
Pero sería un error confinar las llamadas Palabras a los intelectuales a un momento único, a aquel instante de junio de 1961, retador y trascendente como todo nacimiento, en el que confrontan certezas y dudas los intelectuales y artistas y el líder, intelectual también, de un proceso absolutamente nuevo que deslumbra y asusta, según quienes lo miren.

La reunión de la Biblioteca Nacional tuvo una continuidad en el tiempo que llega a nuestros días. Este acto es parte de ese proceso. Los diálogos sucesivos entre Fidel y una buena parte del Gobierno con la intelectualidad artística del país no se interrumpieron ni en los momentos más inciertos tras el derrumbe del socialismo en Europa del Este y la Unión Soviética. Más bien se afianzaron, dejando para el resumen de los acontecimientos otra frase que se hizo principio: “…la Cultura es lo primero que hay que salvar…”.

Una y otra vez, muchas a lo largo de estos 60 años, volvieron a encontrarse ambas partes para dialogar sobre temas medulares de la política cultural y más, sin limitaciones, sin censura, sin prejuicios. Y se confirmó lo que decía Retamar en el aniversario 55, que el concepto incluía la crítica de la Revolución, dentro de la Revolución. Más de una fractura se evitó con esos diálogos. Y más de una se produjo cuando se subestimó su importancia.

Si se siguen las huellas de esos sucesivos diálogos, se verá el impacto que dejaron en la sociedad cubana y no solo en sus ámbitos culturales.

El nacimiento de la UNEAC en agosto de ese mismo año, que al decir de la doctora Graziella Pogolotti “habría de ser un espacio de convergencia para la diversidad de credos estéticos”, es quizás el hecho cultural inmediato más sobresaliente.

Pero no es posible encontrar en las siguientes décadas del devenir de la Revolución Cubana, transformaciones sustanciales, giros y correcciones políticas en las que no haya participado activamente la intelectualidad artística, con propuestas osadas, alertas y señalamientos adelantados. Fidel, desde el Partido y el Gobierno, mantuvo viva y actuante la interacción con los creadores, garantizando su participación, que equivale a decir su compromiso con la vida del país en todos sus ámbitos.

Nada ha escapado a la contribución de la vanguardia: desde la calidad de la enseñanza, el funcionamiento de las instituciones culturales o la economía de la cultura, el peso de la burocracia, la tecnocracia y la mediocridad, hasta los vacíos y los olvidos que podrían poner en riesgo el destino de la nación cubana, como la reemergencia de fenómenos tan nocivos como la prostitución, la corrupción o el racismo, que ingenuamente creíamos superados con las leyes revolucionarias.

Siento que hoy nos debemos una relectura responsable y comprometida de los debates que desde 1961 caracterizaron la relación del Gobierno con sus intelectuales y artistas, preguntándonos cuántos de los problemas señalados a lo largo de estos años se han resuelto o permanecen entorpeciendo la salud del proceso social en curso.
Todos estamos de acuerdo en que el mundo vive un cambio de época dramático, bajo la guía de entes tan despiadados y enajenantes como el mercado neoliberal, a cuyo ciego rumbo se subordinan lo mismo el progreso tecnológico que la inteligencia humana.

¿Hasta qué punto somos conscientes del impacto de esos cambios en una sociedad singular como la cubana, empeñada en conquistar, junto con la mayor cuota de justicia posible, la emancipación definitiva de sus ciudadanos?

¿Cuál sería el papel del arte y de los artistas para seguir siendo revolucionarios en un contexto universal que parece moverse siempre en sentido contrario?

¿Qué hace, qué busca, qué crea, qué deja como legado un artista revolucionario en la veloz era digital y las procelosas, turbias, confusas tendencias que imponen, con sus algoritmos engañosos, las neurotizantes redes que mi amigo Frei Betto se niega a llamar “sociales” por todo cuanto atentan contra cualquier tipo de armonía social?

A esas preocupaciones de carácter más universal habría que sumar las interrogantes internas. Y entre todas, la fundamental: ¿Cómo sostenemos la Cultura y su vasto esquema de instituciones, estructuras, producciones, en las condiciones actuales?

¿Cómo perfeccionamos las vías y métodos para que pueda apreciarse el arte desde las escuelas y las familias?

¿Qué entendemos hoy por unidad, continuidad, sostenibilidad, prosperidad? ¿Qué por libertad, soberanía, antimperialismo, anticolonialismo, emancipación? ¿Cuánto puede aportar la intelectualidad artística y literaria al propósito impostergable de dar contenido y belleza, sustancia y atractivo a todos esos conceptos, libres del lastre panfletario?

¿De qué modos nuevos contamos lo cotidiano: el sacrificio, la resistencia, la creatividad?

¿Cómo enfrentamos la guerra cultural de símbolos y esencias que precede, como los bombardeos de ablandamiento, a las invasiones reales?

Hoy estamos, como hace 60 años, hablando de arte y de cultura, de creadores y artistas, de obras y de públicos, mientras el mundo arde afuera. Qué seguridad, qué confianza, qué coincidencias nos juntan para conmemorar Palabras que algunos, alguna vez y todavía, quisieron malinterpretar como la negación de la libertad que en realidad habría.

En medio de una pandemia cuyas consecuencias multidimensionales, psicológicas y económicas aún no alcanzamos a medir, el Gobierno ha cuidado particularmente a la Cultura, a los artistas e intelectuales, destinando fondos y recursos al sostenimiento de quienes a su vez alimentan la espiritualidad que nos salva de una cuota importante de angustias.

Para que se tenga una idea, y no se asusten, que no los voy a atormentar con números: el Presupuesto del Estado, sin afectar los recursos asignados a la Cultura, ha destinado 620 millones de pesos para el financiamiento a artistas no subvencionados, beneficiando con ello a 10 457 músicos y artistas escénicos y a 3 222 personas que ejercen como personal de apoyo de la producción artística y en la asistencia técnica. Estamos hablando de sostener la economía del (segmento) sistema empresarial de la Cultura, que es el que aporta a la economía nacional en condiciones normales.

No se esperó la demanda de los artistas. Se pensó en todos y en sus necesidades fundamentales en un contexto plagado de incertidumbres y malas noticias económicas globales que mantienen en suspenso los magros ingresos de una nación pobre y bloqueada. No traigo esos números aquí para que conste un apoyo que nos sentimos en el deber de dar y nos entusiasma poder dar. De algún modo estamos rindiendo cuentas. Con el cuerpo herido de dolencias y escaseces, Cuba no olvidó a sus artistas.

Eso no tiene otro nombre que Continuidad. Aquel diálogo de 1961 está vivo, aunque en más de un momento en estos años lo hayamos descuidado, pospuesto, malentendido y puede que hasta maltratado.

Como dirigentes del Partido único de la nación cubana y de un Gobierno que debe enfrentar cotidianamente un cerco económico y financiero brutal, en tiempos inciertos en los que ni los que más recursos poseen se sienten seguros, hemos apostado a la resistencia creativa. Luchamos todos los días contra el inmovilismo, la parálisis y los posibles retrocesos.

Hemos apostado a la innovación, a la ciencia, al talento y a la disposición del pueblo para enfrentar los múltiples desafíos que entraña avanzar rompiendo monte en cueros, como los cimarrones, como los mambises, como los rebeldes.

Leo todos los días algún post o análisis pidiéndonos liberar las fuerzas productivas, ¿en serio creen que nos interesa atarlas, contenerlas, o frenarlas? ¿Cuál es la fórmula mágica por la que creen que podemos, con un decreto presidencial, hacer que todo funcione y broten bienes y productos del cuerno de la abundancia?

Los invito a que mediten. Creo que es hora de actualizar y de refundar, en el espíritu liberador de aquellas Palabras a los intelectuales que Fidel pronunció para entonces y vuelven para provocar nuestros análisis, 60 años después.

Hay muchos testimonios de hechos en nuestra historia cultural que da placer revisitar para aprender del pasado; para que las experiencias negativas no se repitan y tampoco se eternicen en la memoria con efecto paralizador; para que las positivas se sistematicen; para que los miedos infundados no se tornen creíbles; para que los oportunistas y mediocres no tengan jamás poder sobre la creación; para que los mercenarios no desprestigien nuestro abanico cultural; para que la crítica se haga desde lo artístico y lo profesional y no desde las apreciaciones externas, que suelen ser estériles y producir reacciones contrarias; para que la Revolución que se hizo por la justicia y la  libertad no dé pie a confusiones que las nieguen.

En cuanto a los jóvenes verdaderamente motivados por la creación artística, tengo claro que, como todos los jóvenes de todas las épocas, son rebeldes o no son jóvenes, entonces, la responsabilidad de su formación para discernir e identificar la causa justa es nuestra, con respeto y sin condicionamientos, como ha sido la política cultural de la Revolución.

Cuando las personas de formaciones diversas, cuando los artistas se unen y trabajan para la comunidad, están trabajando por el país y por el futuro. Están transformando el ocio estéril, la apatía, la desmotivación en participación, en esperanza, en valores. Están haciendo la Revolución más útil: la que provee de herramientas espirituales al ser humano para que sea cada vez mejor.

A ustedes no tengo que decirles lo que saben, pero nunca sobra reiterar, para que nadie crea que lo subestimamos: el enemigo histórico de la nación cubana cambia de trajes, pero no de propósitos. Sigue siendo el mismo, a pesar de los afeites y maquillajes de la nueva época.

Su apuesta se afinca en el lógico agotamiento que podrían significar, que significan 62 años de resistencia. Y como no ha logrado jamás horadar el muro infranqueable de la sólida cultura e identidad nacional, opta por la vulgaridad y la banalidad que el mercado de la pseudocultura pretende imponer desde esos espacios que dejamos vacíos, confiados en que la masificación de la educación y la cultura iban a resolver espontáneamente un acumulado histórico de desigualdades de siglos que no se curan ni en seis décadas de Revolución.

Somos responsables también de nuestros índices de marginalidad, por eso no puede cejar la querella abierta por Fidel contra la incultura, desde aquellas Palabras… Instrucción no es sinónimo de cultura, ni siquiera lo es de civismo y cortesía; desde las carencias ya habituales hay que seguir apostando a la decencia y a la riqueza que aporta al ser humano la cultura artística, sin cansarnos.

No somos ingenuos. Está demasiado claro que nuestros adversarios tratan, por todas las vías, de provocar un estallido social y han escogido para inducir provocaciones un momento especialmente difícil para el país por los daños acumulados debido al reforzamiento criminal del bloqueo y el desgaste generado por el largo e intenso período de pandemia, asociado a los brotes y rebrotes de la COVID-19.

Y aquí me permito darles otros números, con perdón de los que los detestan. Para empujar un país, parafraseando a Barnet, hay que leer muchos números y hacer arte con ellos, el arte de hacerlos rendir más allá de las posibilidades reales. Entonces, perdónenme los números que no puedo dejar de darles hoy:

Como resultado del bloqueo y la pandemia hemos visto reducidos a niveles mínimos los ingresos en divisas. En el año 2020 se ingresaron 2 413 millones de dólares menos que en 2019, y en el primer semestre de 2021, 481 millones de dólares menos que en el primer semestre de 2020. En lo que va de este año se han importado 655 millones de dólares en alimentos que no alcanzan para satisfacer la demanda. La COVID-19 ha obligado a utilizar para su enfrentamiento más de 300 millones de dólares, que pudieron haberse destinado a la producción e importación de otros medicamentos. Tan solo en 2021 el Presupuesto del Estado ha asumido más de 4 300 millones de pesos para el enfrentamiento a la pandemia, de ellos, 596 millones de pesos en garantías salariales; 574 millones en salarios; 1 181 millones de pesos en medicamentos y 246 millones de pesos en alimentos.

Ustedes y yo sabemos que a los adversarios más frontales de la Revolución Cubana y a sus asalariados que se victimizan mientras atacan todo cuanto intentamos hacer, a ninguno de ellos le importa la salud del pueblo ni la alimentación del pueblo, como no les importa el diálogo con nadie ni entre nadie. Derrocar a la Revolución sigue siendo el gran objetivo. Se han empeñado en deslegitimar nuestra soberanía y devolvernos a los tiempos de vergonzosa subordinación imperial, cuando los embajadores norteamericanos dictaban las agendas del gobierno nacional y hasta nos contaban a su manera la historia de Cuba.

Preservar, bajo el peor de los ataques, la independencia y la soberanía nacional seguirá siendo la primera prioridad para quien se sienta revolucionario y patriota, aunque esas palabras en ciertos círculos se consideren obsoletas.

Obsoleta es la dependencia, obsoleta es la humillación al poderoso. De todas las libertades, la más preciada es la que nos libera a todos los que compartimos un sentimiento, la que nos inflama de orgullo ante el triunfo de un compatriota, la bandera que se iza y el himno que se entona.

No vamos a regalar la Revolución ni sus espacios. Debemos y podemos gestionarlos mejor, aprendiendo más de todo y de todos. Mientras mayor calificación y experticia tengan las personas que lideran los espacios culturales, se apreciarán las obras con mayor rigor y justicia.

Creemos firmemente que la obra de arte tiene no solo el derecho sino la misión de ser provocadora, arriesgada, desafiante, cuestionadora, también enaltecedora y emancipadora. Someterla a la censura subjetiva y cobarde es un acto de lesa cultura. La libertad de expresión en la Revolución sigue teniendo como límite el derecho de la Revolución a existir.

Tengo muchas más preocupaciones y sobre todo ideas y demandas que compartirles, pero no en un discurso conmemorativo, sino en el diálogo vivo, que no ha cesado ni cesará. No solo mantenemos reuniones periódicas con un grupo de ustedes para dar seguimiento al Congreso de la UNEAC.

Semanalmente, en espacios diferentes, compartimos ideas y proyectos con prestigiosos intelectuales y artistas, a los que agradezco valiosos aportes al análisis de algunos de los temas más complejos y desafiantes de la realidad actual, en el empeño de construir consensos y articular acciones.

Nuestra generación es depositaria de un legado y se debe al pueblo que optó por el socialismo como destino definitivo, apenas unos días antes de aquellas históricas jornadas de debate cultural que concluyeron con las Palabras a los intelectuales.

Me honra ratificarles hoy que “Dentro de la Revolución” sigue existiendo espacio para todo y para todos, excepto para quienes pretenden destruir el proyecto colectivo. Así como Martí excluyó de la Cuba con todos y para el bien de todos a los anexionistas y en sus Palabras en 1961 Fidel separó a los incorregiblemente contrarrevolucionarios, en la Cuba de 2021 no hay cabida para los anexionistas de siempre ni para los mercenarios del momento.

Queridas amigas y amigos:

Hoy he hecho muchas preguntas y estoy seguro de que ustedes tienen muchas más que devolverme. Juntos nos toca dar respuestas a todas para seguir sosteniendo en el tiempo las Palabras que nos guían.

Concluyo al estilo de poetas que respeto y aprecio mucho: “(…) No lo van a impedir ni ausentes millonarios ni arribistas, ni aspirantes al hacha del verdugo (…)” ¡El futuro no comienza con un hachazo! Los “convido a creerme cuando digo futuro”.

¡Viva la cultura cubana!

¡Viva Cuba libre!

Y reitero con convicción eterna: ¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

(Ovación)

Tomado de Cubadebate

Una infancia con miras al futuro

La infancia cubana tiene desde 1961 la posibilidad de recibir atención educativa en los Círculos Infantiles, una idea de Fidel Castro hecha realidad por Vilma Espín.

En Contramaestre funcionan ocho círculos infantiles que tienen la tarea de cuidar y proteger a los niños de madres trabajadoras; allí reciben tratamiento y atenciónn educativa integral.

El juego en sus diferentes modalidades es de vital importancia en la educación que reciben los más pequeños en estas instituciones educativas. Rosario Fuentes, subdirectora del cí­rculo infantil Amiguitos del Che nos explica cómo lograr incorporar hábitos positivos en los niños a través del juego.

Hoy, Día Internacional de la Infancia, los niños y niñas de Contramaestre reciben un atención con miras al futuro.

Proletarios recuerdan natalicio de Lázaro Peña

La calle número 38 entre Monte y Tenerife en el barrio habanero de Los Sitios vio nacer un 29 de mayo de 1911 a uno de los hombres que marcaría la historia del movimiento obrero en Cuba, Lázaro Peña González.

Él, es uno de los representantes proletarios en Cuba con una destacada labor sindical en el siglo XX. Amante de la música, en especial del violín. Instrumento que no pudo estudiar por razones económicas pues su procedencia humilde y la ausencia de la figura paterna a los diez años causaron que Lázaro tuviera que apoyar a su madre en las finanzas del hogar.

Según cuentan, su pasión por la música lo llevó a consolidar una entrañable amistad con Ignacio Piñeiro, quien según relatos intercambiaba criterios acerca de la calidad de los sextetos de la época.

Carpintero, albañil, herrero fueron los oficios que ejerció Lázaro Peña, quien fuese además un eterno apasionado a la lectura lo que le permitió posteriormente presidir y dirigir asambleas y debates sindicales.

Militante del Partido Comunista, participante activo en la organización de los trabajadores para luchar contra la dictadura de Machado, miembro y dirigente de la Confederación Nacional Obrera, organización que posteriormente diera luz a la Central de Trabajadores de Cuba en 1939 y de la que fue su secretario general. Miembro del Comité ejecutivo de la Federación Sindical Mundial con sede en México.

Luego del triunfo revolucionario en enero de 1959 Lázaro Peña había logrado la unidad y el prestigio del movimiento obrero, lo cual le permitió ejercer como secretario general desde 1961 hasta 1966.

En este período tuvo una destacada labor sindical tanto nacional como internacional. Etapa de luz del movimiento obrero y que muchos sindicalistas rememoran con el mejor de los recuerdos.

A los 120 años del natalicio de Lázaro Peña, la clase obrera cubana lo recuerda como uno de los líderes imprescindible. Y como bien argumentara Fidel Castro en su sepelio (…) no venimos propiamente a enterrar a un muerto, venimos a depositar una semilla(….). Semilla que germina en cada sindicalista y representante obrero del proletariado cubano.

José Martí y su legado imperecedero

Este 19 de mayo se cumple el 126 aniversario de la muerte de nuestro Héroe Nacional, José Martí, el hombre que no sólo luchó por la independencia de Cuba, sino que avizoró la necesidad evitar que los Estados Unidos, hiciera de América Latina su traspatio, como lo había concebido ya la doctrina Monroe desde 1823.

El espíritu libertario, generoso y humanista de José Martí preside la lucha de los pueblos de América Latina, proyectándose en la actualidad por lograr su liberación, el respeto a sus derechos, la igualdad, la democracia, la justicia y la vida plena para todos los seres humanos.

El imperialismo trata de establecer un dominio mundial exclusivo sobre fundamentos del desarrollo material y tecnológico, y la anulación del papel del estado. Así maniobra el imperio para imponer su hegemonía, y muchas veces lo han logrado a base de financiamientos de campañas electorales y golpes de estado.

El legado de José Martí tiene todavía mucho que hacer por la independencia de los pueblos. Tenemos que tomar de su extensa obra los fundamentos necesarios para enfrentar los retos del mundo actual.

El pueblo cubano se inspira en los legados de hombres como José Martí y Fidel Castro para defender la existencia misma de la Revolución cubana y continuar promoviendo de diversas maneras y en los escenarios posibles la unidad latinoamericana.

Martí avizoró en la carta inconclusa a su amigo Manuel Mercada que Cuba libre era vital para el futuro de los países del sur americano cuando dijo: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.”

Está demostrado que Cuba representa la idea de la integración latinoamericana, que sitúa la justicia como su valor más alto; ésta es la respuesta más enérgica y acertada con que podemos hacerle frente a la fragmentación que genera el imperialismo hoy, en América Latina y que trata de generar también en Cuba. Con nuestra fidelidad a los próceres de la patria, y la unidad como escudo derrotaremos a cualquier enemigo por grande que este sea.

Fidel y el Presidio Modelo a 66 años

“Después de veinte meses nos sentimos firmes y enteros como el primer día. No queremos amnistía al precio de la deshonra”. Fue esta frase convicción profunda de Fidel Castro y los 29 jóvenes confinados en el Presidio Modelo acusados de los asaltos a los cuarteles Moncadas en Santiago de Cuba Y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo.

El tirano Batista en mayo de 1955 trató de condicionar la amnistía señalando que se haría realidad, si los asaltantes abandonaban su actitud revolucionaria; pero nada corrompía las doctrinas que defendían ni menguaba las ansias de libertad.

Los moncadistas hicieron de la cárcel una aliada, allí estudiaron los textos de Marx, Engels, Lenin y Martí que preparaban la próxima etapa de lucha; y desde el propio presidio Fidel guiaba las acciones que debían realizar la FEU de La Habana y Oriente, el Partido Socialista Popular, el Frente Cívico de Mujeres Martianas, el Comité de Madres de los Presos Políticos, entre otros.

La batalla por la libertad de los moncadistas del Presidio Modelo fue difícil pero el 15 de mayo se convirtió en un hecho. El pueblo tomó la estación de ferrocarril esperando  la llegada del tren de Batabanó. Entonces Fidel declaró: “Las puertas adecuadas a la lucha civil me las han cerrado todas, como martiano pienso que ha llegado la hora de tomar los derechos y no pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos…”, así que no queda más solución que la del 68 y el 95”.

Al valorar la connotación de este suceso para la historia de Cuba, el historiador Mario Mencía resaltó que ¨sirvió para atacar y debilitar a la tiranía en un marco legalmente permitido que esta no pudo eludir; incentivó la actividad política contra el régimen de amplios sectores ya que apeló a sentimientos positivos y justos; promovió un gran despliegue publicitario que atrajo el interés sobre los revolucionarios, y lo más importante: significó un viraje de la situación política del país a favor de la vanguardia revolucionaria¨.

A 66 años de la salida de Fidel y los moncadistas del Presidio Modelo se rememora el acontecimiento que consolidó ideales revolucionarios de amor a la libertad, a la justicia y a la Patria, ideales que aún hoy, son razón de ser de esta Isla.