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¿Empresa Eléctrica va hacia la eliminación del lector-cobrador?

Desde principios del segundo trimestre de este 2021, la Empresa Eléctrica de Holguín trazó un programa dirigido a la eliminación, paulatina, del lector- cobrador en las rutas de ciudad con las condiciones requeridas, debido a que el cambio de tarifa conllevó a una mayor recaudación de efectivo, lo cual atenta contra la seguridad personal de sus trabajadores y la protección de los recursos financieros del Estado, informó el sitio web de ¡Ahora!

Ante las inquietudes de clientes por la decisión, el Grupo de Comunicación Institucional de la Empresa Eléctrica explicó que existen otras facilidades de pagos por las cuales puede optar la población, desde acudir a las propias oficinas comerciales o a las de correos, sucursales bancarias hasta los cajeros automáticos.

Según reseñó ¡Ahora!, es posible pagar la electricidad, como ya muchos consumidores lo hacen, a través del servicio de la Telebanca, Transfermóvil o EnZona, lo cual permite saldar el consumo por medio de una tarjeta magnética desde la propia casa, el centro de trabajo o cualquier otro lugar, y tiene como beneficio añadido un descuento del monto a saldar. (Redacción Nacional)

Tomado de Granma

Transfermóvil: valiosa plataforma de pago en línea para Contramaestre

En el municipio de Contramaestre, los tiempos que corren, muy limitados para la actividad presencial en entidades y organismos que prestan servicios al pueblo, por el cumplimiento de medidas para el enfrentamiento y contención de la Covid-19, hacen que la plataforma Transfermóvil desarrollada por la Empresa de Telecomunicaciones de conjunto con el Sistema Bancario cubano, se convierta para las personas naturales en una valiosa vía de pago en línea.

Dicha plataforma, cuya descarga no requiere de la activación de los datos móviles, por tanto, libre de costo, es disponible para los dispositivos con sistema operativo Android a partir de la versión 4.4 ,y con línea Cubacel .

Al contar con una tarjeta telebanca asociada a una entidad financiera bancaria cubana y la aplicación Transfermovil ,de uso exclusivo en Cuba, el cliente de Contramaestre tendrá ante sí varias ventajas, tales como: pagar en tiendas virtuales, abonar las cuantías por los servicios de electricidad y de teléfonos, liquidar impuestos, así como realizar giros postales , trámites y operaciones tanto el Banco de Crédito y Comercio como en el Popular de Ahorro.

También destacan otras facilidades con el Transfermóvil, entre las que figuran , poder realizar operaciones de los servicios de telecomunicaciones: recargas, transferencias, consultas de saldos, recibir descuentos por el pago de las obligaciones contratadas con ETECSA, gestionar planes de datos,de mensajes y de voz sin la necesidad de marcar códigos así como consultar los tipos de cambio monetario en los bancos de Crédito y Comercio y Popular de Ahorro.

Teniendo en cuenta que en Contramaestre suman más de 7 mil los trabajadores domiciliados con tarjetas magnéticas y ante la evidente explotación en las operaciones de los 2 cajeros automáticos resulta necesaria la incursión en la plataforma Transfermovil a partir de las facilidades que esta ofrece, la que a su vez hace más cómoda y dinámica la vida de las personas en medio de las limitaciones diversas por la que atraviesa el territorio ante la actual coyuntura epidemiológica.

Precios en Cuba: Cerrar la caja de Pandora

No pasa un mes desde el inicio de la Tarea Ordenamiento y el tema de los nuevos precios se roba el disparo de salida. Desde los más mediáticos hasta los menos visibles, cada nuevo anuncio despierta la curiosidad popular y los debates más acalorados. De una esquina a otra las preguntas cambian al instante y van desde la exageración de algunos hasta la exactitud de otros. Es un intercambio enriquecedor y necesario.

A raíz de esos criterios el Estado ha rectificado las tarifas en más de un producto o servicio, en un ejercicio de análisis colectivo esencial para solucionar desviaciones en pos del bienestar común. De hecho, justo ahora otro grupo de precios igualmente se encuentran bajo estudio luego de nuevas alertas sobre incongruencias o excesos.

Proceso transversal tanto para la economía privada como nacional, la formación de precios, la justeza de los establecidos, y sobre todo la corrección de los fallidos, implica una tarea impostergable en pos del éxito de las reformas. Y en tal sentido, continuar las alertas ante lo mal hecho y exigir por una implementación útil de lo dispuesto, se mantienen como pilares de un asunto con mucha historia por contar.

Desviaciones y dudas a tres semanas de la arrancada

Aunque pasan las diez de la mañana, en el portal de uno de los establecimientos dedicados a la venta de productos marinos en Santa Clara apenas existen personas. Recostada al muro que separa el lugar de la acera, Rosa Martínez espera el camión de la mercancía junto a otras dos mujeres. Tiene alrededor de 45 años y en su mirada combina incredulidad y molestia. “Antes aquí debías amanecer para coger algo —dice mientras señala a su alrededor—, pero desde el aumento de precios casi no viene nadie”.

A pocos kilómetros de allí, a Edgardo Rubio le ocurre algo similar. Adaptado a merendar en una cafetería cercana a su centro de trabajo, este ingeniero automático ahora ve con asombro cómo debe pagar 25 pesos por el mismo sándwich que tantas veces le salvó el día por mucho menos. Tiene el mismo tamaño y sabe igual, pero desde los primeros días de enero él le encuentra un gusto diferente.

“Sabíamos que con el ordenamiento una gran cantidad de precios iban a subir. El país lo anunció y es lógico que sea así, pero muchos nos hemos sorprendido con el incremento tanto en el sector estatal como en el privado. A veces son saltos chocantes, sobre todo en los productos que antes comprábamos a muy bajo costo. Sin embargo, hay otros que ya tenían precios sin subsidios y ahora también crecieron, para muchos exageradamente. En esos están los principales problemas”, valora.
Del tema existen cientos de ejemplos en todo el país. En las páginas de Cubadebate nuestros lectores han dejado algunos: mantequilla a 225 pesos, queso fundido a 55, pasajes en coches tirados por caballos a 40, una libra de carne de cerdo en 80, un paquete de mantecados a 350 o una col en 37. Esos incrementos, junto a otros más “populares”, como el costo del helado en el Coppelia habanero, la tarifa de electricidad o el precio de una bola de pan, aun generan debates en cada hogar.

Para Heriberto Muñoz, un profesor de preuniversitario con más de 30 años de experiencia, resulta muy favorable que más de mil productos —de los mercados Ideal y de las cadenas de tiendas en CUC, algunos alimentos liberados, materiales de la construcción y medicamentos para enfermedades crónicas o de larga data— no aumentaron sus precios. Para él, en cambio, la polémica parte del cálculo sobre la cantidad de veces que sí creció el costo de otros y su comparación con el incremento salarial.

“Los sueldos aumentaron una media de 4.9 veces, pero en varios productos y servicios hemos visto ascensos mucho mayores. Hace muy poco, por ejemplo, pagué 36 pesos por una pizza que antes costaba cinco, y eso significa un alza seis veces superior. Si eso ocurre en el sector estatal, imagínese qué sucederá en buena parte del privado, desde hace años adaptado a violar los precios topados y que muchas veces compra en mercados del Estado para luego revender”, apunta.
La reflexión del veterano docente coincide con la de Marlén Pérez, una ama de casa de poco más de 35 años. No obstante, ella le incorpora otro asunto llevado y traído desde el anuncio de los nuevos precios: la calidad. Según dice, resulta contraproducente que solo crezcan los costos y no exista una mejoría en las ofertas y los servicios.

Aunque a su razonamiento no le falta verdad, analizar el asunto implica partir de otro punto: esos problemas, junto a la atención al consumidor y al interés por un servicio óptimo en decenas de puntos de venta, existen desde mucho antes de la Tarea Ordenamiento. Asimismo, no tienen que ver solo con los costos, sino también con la exigencia de las administraciones, la responsabilidad en el trabajo y el respeto a los clientes. Ahora el nuevo escenario solo los hace menos tolerables.

Justo por eso un hombre como Ariel Ramírez, jubilado hace poco más de tres años, no entiende por qué los encargados de algunos puntos de venta reciben los productos incluso cuando no tienen la calidad suficiente. Tampoco comprende la subida de los costos en ciertos trámites jurídicos o para entrar a espectáculos culturales o deportivos. También le causan dudas el ascenso de los precios en actividades relacionadas con la prestación de servicios de mano de obra, en sus esencias independientes del costo de las materias primas.

“Soldar un cable de una hornilla eléctrica en uno de los talleres estatales —asegura— subió más de seis veces, y no hay manera de justificar ese crecimiento”. Como él, otras muchas personas tampoco comprenden por qué en la aplicación de las nuevas tarifas aun se evidencia falta de estudio de mercado, escasa relación entre los precios y la utilidad de los productos, así como una aplicación de lo dispuesto que en ocasiones no analiza las particularidades de cada caso.

El ejemplo lamentable lo ponen los medibuses en Villa Clara, esenciales para las decenas de pacientes y acompañantes que cada día se mueven desde todos los municipios del territorio hasta los hospitales de la cabecera provincial. Los nuevos precios no dejan mucha preocupación para quienes viajan de forma eventual y más de uno agradece la seguridad de contar con ese servicio. Sin embargo, para los pacientes oncológicos —con varias sesiones de radioterapia o quimioterapia cada semana— la cuenta sencillamente no da.

Bien lo sabe Maritza Romero, una corralillense de 63 años que desde hace dos meses viaja a diario hasta Santa Clara para acompañar a su esposo en la lucha contra un cáncer de garganta. Con la nueva tarifa cada día deben pagar 48 pesos por cada uno para ir y regresar, o lo que es igual, 480 pesos semanales, 1920 en un mes.

“Soy jubilada y él no trabaja, así que a la casa solo entra mi chequera de 1528 pesos. Renunciamos a comprar la leche y el pan solo para poder venir aquí. Mi marido lleva siete meses sin cobrar y aunque le hicieron los papeles para la asistencia social aun no hemos recibido nada”, asegura con no poco pesar.

Juan Carlos Ferriol, subdirector de la Empresa Provincial de Transporte en Villa Clara, explica que el servicio de medibús se considera transporte interurbano y por tanto funciona con la tarifa establecida para esa modalidad. Así, como si fuera igual ir a un hospital a salvar la vida que viajar a un paseo. No obstante, reconoce la eliminación del cobro de la estadía y la obtención de una ganancia mínima como beneficios del nuevo precio.

Lo contraproducente del asunto es que justo mientras él expone los porqués y tanto pacientes como acompañantes aguardan una solución, frente al mismo hospital donde se atiende el esposo de Maritza, un ómnibus que cada día llega desde Sancti Spíritus espera por sus pasajeros, no les cobra a los enfermos e incluso les garantiza merienda. Félix González Gutiérrez, el chofer, explica que el pago lo asume la dirección de salud de esa provincia.

Mientras el país se reacomoda para enfrentar los retos del ordenamiento y destina 700 millones de pesos para atender a personas vulnerables, enmendar a tiempo desviaciones como estas y corregir tarifas exageradas implica desplazar la burocracia y los análisis absolutos. Y al interior del sistema empresarial, presupuestado y en negocios privados, significa también comprender los esquemas de formación de precios y aplicarlos con exactitud y mesura.

Tanto administradores como economistas y directores de empresas coinciden en un punto a la hora de hablar sobre el aumento de los precios: el alza del costo de las materias primas y otros insumos en los mercados mayoristas. El fenómeno no significa una sorpresa y forma parte del escenario esperado durante la implementación de la Tarea Ordenamiento, pero como casi siempre sucede, la realidad supera a lo planificado.

De hecho, en su intervención en la Mesa Redonda del 15 de diciembre de 2020, Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión de Implementación y Desarrollo de los Lineamientos, explicó que el país centralizó una nomenclatura de 42 productos y servicios de carácter transversal y de alto impacto. El objetivo de la medida radica en evitar crecimientos exagerados de precios y el desplazamiento de esos aumentos al comercio minorista. No obstante, el impacto se ha hecho sentir.

Para Raúl Espinosa Barrera, administrador de la pizzería El Pullman, ascensos como el del valor de la harina de trigo —desde 8.80 hasta 105 pesos el kilogramo —, o el del queso —de los 9 pesos hasta más de cien—, complejizan el panorama a la hora de establecer la oferta. “Con nosotros no se consultó para fijar cuánto pagarían los clientes por cada producto”, comenta. Además, explica que trabajan por normas técnicas y no por ficha de costo. Por tanto, si la materia prima no cambió es imposible una mejoría en la calidad.

En medio de este panorama, Antonio Yoel Martínez Ramírez, director de ventas y servicios gastronómicos del Grupo Empresarial del Comercio en Villa Clara, recuerda que las entidades deben obtener ingresos para formar el salario de sus trabajadores, así como para solventar otros gastos propios de su gestión.

En esencia, si los cálculos toman como base los altos precios mayoristas, ese ascenso se desplaza por toda la cadena. No obstante, explica que la estrategia a seguir consiste en mantener las utilidades en un rango entre un seis y un diez por ciento, para tratar de ser lo más justos posibles y no afectar en exceso a la población.

Aun así, uno de los habituales chequeos del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba sobre estos temas detectó que la mayoría de las entidades visitadas fijaron nuevos precios después de multiplicar los antiguos por el mayor índice permitido por el Ministerio de Finanzas y Precios. Es una práctica ideal para cubrir ineficiencias en la gestión y trasladarlas al bolsillo ciudadano.

Mientras tanto, un dato propiciado por Eduardo Martín, especialista de precios del Grupo Empresarial del Comercio, descubre otro problema importante. Hasta hace diez días, el valor de una hamburguesa era de cinco pesos, pero podía subir a 13 si la empresa mayorista comenzaba a vender una harina más óptima. Es como si calidad y los precios justos estuviesen reñidos.

En el sector privado los inconvenientes no son menores. De acuerdo a los importes máximos anunciados por el Gobierno provincial, una pizza napolitana en un restaurante italiano estatal de tercera categoría asciende a 30 pesos. Sin embargo, para el cuentapropismo el tope de ese mismo producto se ubica diez pesos por debajo. Incongruencias como esas, junto a los problemas de acaparamiento, reventa y otras ilegalidades propiciadas por el descontrol, confluyen también para disparar los precios.

Un estudio realizado por el economista Migdonio Carlos Menéndez, desde hace diez años al frente de un pequeño negocio como tenedor de libros contables, arroja más luces al asunto. Él centró su mirada en un grupo de 31 productos con precios topados por el Consejo de la Administración Municipal de Caibarién y llegó a una conclusión increíble: los límites fijados a 27 de ellos causan pérdidas en los trabajadores por cuenta propia. En los cuatro que reportan ganancias, la mayor apenas pasa de los dos pesos.

La otra cara de la moneda aparece en quienes sí obtienen utilidades por sus ventas y aun así no saben otra cosa que aumentar las tarifas. El fenómeno tampoco es nuevo y golpea con inusual fuerza en los productos agropecuarios y otros de la alimentación. En algunos como los de aseo y menajes de casa de origen industrial —para los cuales no existen licencias aprobadas pero que existen a ojos vista en las conocidas candongas de Santa Clara— los incrementos son aun mayores.

Juan Alberto Martínez, titular de una cafetería en Santa Clara, explica la lógica del incremento en el sector privado en dos direcciones. La primera, porque muchos productos son adquiridos en las redes de tiendas minoristas con los nuevos precios; la segunda, porque ante al alza generalizada, quedarse con los precios antiguos implica un menor poder adquisitivo para comprar lo que venden otros.

Frente a un escenario así, marcado además por las limitaciones en la oferta, toca aumentar el control para evitar la especulación y el oportunismo, pero también la eficiencia y la integralidad a la hora de implementar precios justos y razonables para todos. No frenar las potencialidades de comercios y empresas, y volcarlas hacia un sector amplio de la población, debería fortalecerse como el camino a seguir.

Paso uno: Control popular y administrativo

¿Cómo controlar el aumento exagerado de los precios? ¿Puede el Estado hacerlo únicamente con mecanismos administrativos? Solo esas dos preguntas mueven el debate en cualquier conversación al respecto. Marino Murillo aclaró una parte de la estrategia durante una de sus intervenciones en la Mesa Redonda: combatir el alza injustificada con medidas de contención y severas sanciones a los incumplidores.

Para ello, se les han dado amplias facultades a los Gobiernos locales para topar y mover tarifas en dependencia de las situaciones particulares de sus territorios. No obstante, sí existen un grupo de precios centralizados establecidos de forma similar para todo el país. Para unos y otros, el control popular y de las instituciones encargadas de hacerlo resulta fundamental.

Según Meisi Bolaños Weiss, titular de Finanzas y Precios en la Isla, en los primeros trece días de enero ese ministerio recibió 497 comunicaciones de la población, pero solamente 78 consistían en denuncias directas. A todas luces, la cifra es demasiado baja en medio de un contexto con innumerables cuestionamientos respecto a la aplicación de las normas aplicadas.

Asimismo, el Ministerio de Comercio Interior reporta más de 52 mil 600 inspecciones desde el anuncio de la Tarea Ordenamiento y el 13 de enero último. En el 47 % de ellas apareció algún tipo de violación, sobre todo en los mercados de productos agropecuarios. El 39 % de las contravenciones aparecen en el sector estatal, mientras que el resto ocurrió entre los cuentapropistas.

De acuerdo a Irail Trujillo Álvarez, máximo responsable de la Dirección Integral de Supervisión en Villa Clara, la tendencia en los primeros 15 días de enero estuvo en la desinformación a los consumidores, las afectaciones económicas a las entidades estatales, los engaños y la no existencia en los establecimientos comerciales de los listados de precios oficiales. No obstante, su cuerpo de inspectores apenas recibió 14 denuncias, menos de una por día.

Según reportes de prensa, en otros territorios como La Habana y Guantánamo la situación se comporta de forma similar, aunque entre las infracciones se suma también la alteración en los equipos de pesaje. Entre las medidas tomadas en todo el país, sobresalen el retiro de más de 600 licencias y unos 750 decomisos de productos. Es un buen inicio para frenar el alza descabellada de precios, pero por sí solo no basta.

Junto al control popular, la exigencia de los Gobiernos locales y la honestidad del cuerpo de inspectores —solo Villa Clara ya ha expulsado 25 de ellos por recibir sobornos o convertirse en cómplices de los vendedores—, también es clave garantizar mayores producciones. Afortunadamente, es uno de los objetivos incuestionables del ordenamiento en Cuba.

“Crecen los precios y los costos —decía hace muy poco en televisión la ministra de Finanzas de Precios—, pero los tenemos que aplicar correctamente. Crecen los gastos asociados y por tanto hay transformación en los resultados económicos de las empresas, pero entonces también tiene que haber transformaciones en cómo hacemos las cosas y, en función de ello, diseñar mayor eficiencia y productividad, que es en definitiva lo que nos generará mayor riqueza y bienestar, a mediano plazo”.

La Tarea Ordenamiento es todavía joven en Cuba y tiene un largo camino por recorrer. Sortear con éxito la implementación de los nuevos precios, comprender su necesidad y enmendar los errores surgidos por desconocimiento, malas lecturas o violaciones a lo dispuesto, surge como un asunto impostergable. Mantener la escucha al pueblo, defender a toda costa la protección a los más vulnerables y fortalecer el sistema empresarial sin echar sobre los hombros de otros sus ineficiencias acumuladas, he ahí la puerta del éxito.

Tomado de Cubadebate

Trabajador Eléctrico: hombres y mujeres que dan luz a nuestros días

Los trabajadores eléctricos del municipio Contramaestre y de toda Cuba desarrollan una labor tan vital en la modernidad y tan cotidiana que merecen justo reconocimiento este 14 de enero, cuando celebran su día.

La fecha fue escogida, una vez la Revolución en el poder, para homenajear al gremio de este sector, tomando como motivo el impulso que diera Antonio Guiteras Holmes en 1934 para la intervención a la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad.

Contramaestre cuenta hoy con 130 trabajadores eléctricos responsables de llevar la electricidad a nuestros hogares, y que constituyen una fuerza laboral abnegada, que se ha sobrepuesto a las limitaciones impuestas por el bloqueo norteamericano y la pandemia que hoy azota al mundo.

Luis Angel Milán Reyes, director de la UEB Eléctrica Contramaestre nos comenta sobre este 14 de enero:

“Desde el 7 de enero se desarrollan actividades hasta el 14, Día del Trabajador Eléctrico. Todo lo que hacemos en esos días tiene que ver con el trabajo propiamente: aportar horas extras para resolver problemas y que las afectaciones duren lo menos posible. Este año no hay actividades festivas por la presencia de la Covid-19 en nuestro municipio, pero los trabajadores destacados recibirán su reconocimiento.”

Vaya el agradecimiento a estos hombres y mujeres que le dan luz a nuestros días.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A mayores precios, mayor respeto

Aunque es un proceso ineludible y necesario para la economía cubana, ya el ordenamiento monetario revela una de sus complejidades, recién iniciado con su consiguiente reforma de precios. Y requerirá un monitoreo sistemático para reconsiderar y atenuar sus impactos en la población.

Habrá que ir examinándolo con los días y las evidencias de la realidad, que suele ser terca. Salta a la vista que, aun con una reforma general de salarios, pensiones y prestaciones de la asistencia social, se impone un detector perenne de los costos sociales y vulnerabilidades resultantes. La asistencia social, de hecho, está desafiada en su dinamismo y capacidad de cobertura.

Por lo pronto, se han tenido que reconsiderar ciertos precios y tarifas centralizados, como los de la electricidad y el gas licuado, más otros de decisión territorial. Y se necesita también atajar a tiempo que la descentralización de atribuciones para fijar precios no sea manejada para buscar ganancias e ingresos a todo costo; o más bien a costa del bolsillo ciudadano.

Las autoridades del país no han dado señales de un golpe seco e irreversible, como los paquetazos sordos que campean por el mundo. El propio presidente cubano ha defendido la idea de la reconsideración y el reanálisis de los desbordes y excesos, teniendo siempre en cuenta los estados de opinión de la población. Pero ello no puede desvirtuarse en la cadena transmisora hacia abajo, de manera que prime el sálvese quien pueda. El propio Gobierno tendrá una ardua tarea para llegar a las raíces profundas de los nuevos problemas.

Aunque era previsible un desencadenante inflacionario en esta cura de caballo de nuestra economía, urge prever que los saldos no se agraven por el desentendimiento, la desidia, el inmovilismo funcionarial y la resistencia burocrática a los consiguientes cambios liberadores que sobrevienen como parte de la nueva estrategia económica.

Si algo se revela ya, es un consumidor más activo y defensor de sus derechos, que está constantemente colmando de preguntas, inquietudes y solicitudes de esclarecimiento la agenda de los propios ministros, quienes comparecen y dan el rostro como nunca antes en los espacios comunicacionales a los estados de opinión de la población, unos con más agudeza que otros. Y esa interacción tiene que calar el cuerpo de la nación hasta abajo, y de abajo hacia arriba.

El hecho de que los precios y tarifas minoristas hayan aumentado, constituye un verdadero desafío a los tradicionales problemas de calidad de nuestros productos y servicios, y la mediocre conformidad y desentendimiento de administraciones y funcionarios públicos, que simulan cumplir con la política orientada desde arriba más con palabras repetitivas que con el rigor, el orden y el ejemplo que necesita el ciudadano.

El agónico ejemplo del pan normado es solo la punta del iceberg. Por lo general, salvo honrosas excepciones, ese cuasi mendrugo ha sido la vergüenza de cada día y la mejor metáfora del engaño: desde antes, cuando costaba cinco centavos. Y ahora, con el valor de un peso, los consumidores están renunciando a comprarlo, en una suerte de rebelión pacífica de la autoestima.

Este podría ser el inicio de una recuperación de la cultura devocionaria hacia el ciudadano y su complicada vida cotidiana entre tantas afrentas provenientes del desfalco, la sustracción, la chapucería y el irrespeto a su bolsillo. La gente está situando sobre el tapete sus denuncias, y solo toca controlar y hacer cumplir en cada lugar la autoridad que el Estado ha conferido. Mientras se rediseña el modelo económico, de manera que trabajando, en lo estatal como en lo no estatal, la gente prospere y no caiga en tentaciones, ¿es tan imposible que cada responsable, hasta el más modesto sitio, vele por la defensa del ciudadano? ¿Habrá que reconsiderar un nuevo proceso de idoneidad para jefes y subordinados?

Igualmente se requiere revolucionar nuestro cuerpo jurídico, y darle más autoridad y mecanismos de resarcimiento a la protección del consumidor, que durante años ha caído en un terreno tan movedizo e inseguro, el cual genera desesperanza y desconfianza. Un consumidor cautivo y con escasas opciones, en unas reglas del juego desiguales, diseñadas desde quien presta el servicio. Aquello de lo tomas o lo dejas.

También el hecho de que las estructuras de protección al consumidor estén insertadas en el propio diseño de las entidades que violan sus derechos, mengua bastante la efectividad de los procesos vindicativos de ese ciudadano, los enlentece y en algunos casos llega a entorpecerlos.

Algún día, no sé si sueño demasiado, aun cuando existan los departamentos de Atención en las propias entidades, debería existir una especie de institución independiente y dinámica de arbitraje, al estilo de la Contraloría General de la República, que represente a ese menoscabado en sus derechos, ante quienes siempre deberían servirle con respeto.

Tomado de Cubadebate.

Desigualdad en Cuba: Estimaciones a partir del consumo eléctrico

La distribución del ingreso y la desigualdad han sido un asunto medular en cualquier intento de construcción de una sociedad más justa y equitativa. Respecto a la desigualdad, Marx veía en el Manifiesto Comunista cómo la concentración de los capitales y de la propiedad territorial, (…) las desigualdades irritantes en la distribución de la riqueza, tal (…) proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política (…) porque (…) aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad (Marx & Engels, 1970). Esa alerta temprana sobre los peligros de la concentración del capital de forma creciente bajo el capitalismo ha sido corroborada de forma empírica (Banco Mundial, 2019).

Los análisis de la desigualdad a nivel mundial indican la ineficiencia del modelo de desarrollo capitalista para resolver este flagelo. La desigualdad creció en el mundo de forma sostenida desde principios del siglo XIX hasta la crisis de 2008. Fue en este momento que se logró la primera caída de la desigualdad a nivel mundial, entre 2008 y 2013 el índice de Gini[1] tuvo una disminución de cinco puntos porcentuales. Muchos vieron en esto la prueba definitiva de la infalibilidad del capitalismo, al considerar resuelto el asunto de que mayor prosperidad trae consigo la convergencia entre los distintos niveles de ingresos y que se avanza en la reducción de las asimetrías, pero no fue así.

El principal motor de esa reducción de la desigualdad fue un proyecto de construcción socialista: China (Banco Mundial, 2019). Este país por sí solo ha dado cuenta de un 60% (OIT, 2018) del incremento mundial del salario medio en las últimas décadas y ha contribuido a sacar 850 millones de personas de la pobreza (Banco Mundial, 2020). Así es que dichos resultados están lejos de ser atribuibles al sistema capitalista y sí pueden ser asociados a la constante preocupación de los sistemas socialistas por alcanzar modelos equitativos y prósperos.

En el caso cubano el tema ha sido dejado a interpretaciones y estimaciones personales, sin respaldo numérico, por muchos años[2]. Este vacío de información oficial ha sido llenado por las más fantasiosas teorías conspirativas y el acomodo numérico por parte de algunos malintencionados en su afán de sostener su crítica contra Cuba y su modelo. Mucho ha pasado la Revolución desde el ultimo Gini publicado en los ochenta: la caída del campo socialista que generó un derrumbe del PIB cubano en el entorno del 35%, más los nocivos impactos del bloqueo que se recrudece cada año y que por cada incremento porcentual en su costo anual impulsa un decrecimiento del PIB cubano entre 0.87% y 1.17% (Mok, 2017). Esa propia política estadounidense, con más fuerza desde 2019, ha buscado impedir todas las formas de ingreso de divisas a la economía cubana, ya sea atacando los principales renglones exportables cubanos, la entrada de inversión extranjera directa o las remesas que recibe el país. Todo ello mientras su maquinaria mediática se encarga de resaltar como justificante una posibilidad que permite a Cuba, aunque no de forma fácil, adquirir “a la vista” cierto grupo de bienes de consumo y medicinas. Obviamente, la sumatoria de esas medidas, bloqueo de las escasas fuentes de ingresos y pago al contado de importaciones, permite vislumbrar la verdadera intención de la estrategia estadounidense que busca dejar a Cuba sin divisas.

Todo ese complejo entorno ha estado, además en el 2020, abigarrado por una pandemia mundial que ha hecho al mundo enfrentar el escenario económico más complejo de los últimos años. A Cuba, economía pequeña y altamente dependiente del comercio internacional, que se empeña en poner el bienestar del pueblo por delante de economicismos, le ha proporcionado un daño incrementado. No es trivial, por tanto, retomar el estudio de la desigualdad en Cuba. La utilidad de este estudio va más allá de comparaciones necesarias. Para Cuba debe ser además una forma de introspección, de análisis interno y de reafirmación de hacia dónde vamos.

Por otro lado, los impactos del bloqueo sobre la desigualdad, aunque han sido atenuados por el Gobierno cubano se han dejado sentir sobre todo en las últimas décadas. El ataque al comercio exterior cubano ha generado la necesidad de explorar nuevos métodos en el campo económico que podrían generar desigualdad en el corto y mediano plazo. A la par, la vocación de protección al trabajador en Cuba ha impedido que se apliquen recetas neoliberales de despidos masivos ante coyunturas adversas, al contrario, se ha garantizado el derecho al empleo hasta en los momentos más complejos.

No obstante, esto genera peligrosos desequilibrios financieros que han provocado no pocos problemas para las finanzas internas cubanas. La dolarización de la economía en los 90, la doble moneda para comenzar la desdolarización, los tipos de cambio múltiples, la segmentación de mercados, todas han sido medidas coyunturales que ha tomado el Gobierno cubano, para enfrentar situaciones extremas creadas por el bloqueo, afectando lo menos posible la calidad de vida de las personas. Un efecto indeseable de esas medidas coyunturales, ha sido el incremento perceptible de la desigualdad comparada con la existente antes de la caída del campo socialista.

Actualmente, y en medio de una difícil situación económica, se ha emprendido la tarea del ordenamiento monetario. Un asunto complejo y no con total predictibilidad de los resultados, sobre todo en el entramado económico cubano. Esta tarea de ordenamiento plantea la unificación de tipos de cambio como base para comenzar el camino al crecimiento sostenido, el incremento de salarios y la reducción de subsidios. Conseguirá inmediatamente, eliminar distorsiones en los registros contables y económicos, eliminar transferencias cuasi fiscales, subsidios implícitos a importaciones y gravámenes a exportaciones que partían de un tipo de cambio sobrevalorado del peso cubano para el circuito empresarial.  En este contexto, se han ido ofreciendo informaciones relevantes para fomentar el debate y aporte del pueblo a la construcción conjunta de la estrategia nacional de desarrollo.

Entre las informaciones publicadas se encuentra la distribución de los consumos eléctricos por categorías en los hogares de Cuba. Esta oportunidad parecería única para retomar las estimaciones de la desigualdad utilizando el consumo eléctrico como aproximación al nivel de ingreso o riqueza. De esta forma, los distintos estratos de consumo eléctrico conforman los distintos niveles de ingreso de los hogares. La información utilizada para los cálculos fue extraída del sitio digital Cubadebate.

Los estudios que correlacionan el Índice de Gini con distintas variables no son novedosos en el ámbito académico. Así por ejemplo, se ha encontrado una fuerte relación entre el coeficiente de Gini y el crimen en distintas variantes ( (Hsieh & Pugh, 1993), (Fajnzylber, Lederman, & Loayza, Determinants of crime rates in Latin America and the world: an empirical assessment, 1998), (Daly, Wilson, & Vasdev, 2001) (Fajnzylber, Lederman, & Loayza, Inequality and violent crime, 2002), (Kim, Seo, & Hong, 2020)). El razonamiento detrás de estos estudios es que la fuerte correlación existente entre Gini y crimen, viene dada por una relación de causalidad donde mayor desigualdad tiende a causar mayor incidencia del crimen. Este resultado ha sido verificado empíricamente tanto dentro de los países, como entre ellos. En este sentido, y tomando los indicadores de Cuba y la región (Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito, 2020), se podría pensar que el posicionamiento de Cuba es bastante positivo. La baja incidencia del crimen y los altos niveles de seguridad en Cuba son referencia internacional y un elemento relevante en su atractivo al turismo.

La estimación realizada en este trabajo, por su parte, tiene dos supuestos base. El primero, como se mencionaba anteriormente, es que el consumo eléctrico es una variable altamente correlacionada con el nivel de ingreso de los hogares, o “la riqueza”, si queremos usar un término más amplio y asociado a “stock” en lugar de “a flujo”. La evidencia empírica internacional parece respaldar ampliamente esta suposición (de Rezende Francisco, Aranha, Zambaldi, & Goldszmidt, 2007), (Medina Moral & Vicens Otero, 2011), (Castillo, Peña, & Guardián, 2016).  El razonamiento detrás del supuesto es que, en general, los hogares restringen su presupuesto para el consumo eléctrico en dependencia de la holgura que le permiten sus ingresos, por lo que variaciones en estos últimos implican un ajuste de los primeros. Por otro lado, la cantidad de equipos consumidores de energía, que determinan en un sentido amplio la riqueza, también dependería de los flujos de ingreso que el hogar es capaz de ahorrar y convertir en “stocks”.

El objetivo no debe tratarse solo de que los mayores consumidores disminuyan su consumo, que es importante para el país en estos momentos, se trata de generar las condiciones para que los menores consumidores puedan disponer de los recursos a través de la redistribución para incrementar su consumo también sobre bases racionales.

Además, esos excedentes que se captan de los mayores consumidores, luego de la redistribución, podrían utilizarse para ayudar a financiar una mayor penetración de las fuentes renovables de energía en la matriz energética nacional y reducir así los costos de la electricidad para todos. Aunque no es el objetivo de este artículo abordar el asunto de los nuevos precios de la electricidad y su justeza o no, sí queda claro que la marcada diferencia en el consumo entre los distintos grupos debe recaer, en términos de tarifas, sobre los más altos consumidores con más fuerza que sobre los más bajos.

Los resultados obtenidos dan señales de que aún queda mucho por hacer y lograr en materia de igualdad y justicia social, pero es también un indicativo de que no estamos descarriados como nos quieren hacer creer. Es también una señal de que, incluso en los momentos más complejos, en Cuba no se deja a nadie desamparado. Sin embargo, no debemos tomar esto como un pedestal en el que quedarnos inmóviles, la meta socialista de llevar al mínimo la desigualdad, es también la meta nuestra. Las medidas actuales tienen inexorablemente que apuntar a un crecimiento productivo en primer lugar, no hay socialismo si solo se distribuye pobreza. El Socialismo es la distribución de la prosperidad y no hay prosperidad sin incremento sostenido de la producción. Pero tampoco hay Socialismo si el crecimiento de la producción es tomado como único criterio para la política económica.

Tomado de Cubadebate.

Desde el barrio se puede ahorrar

La mayor organización de masas en Cuba, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) aglutina en sus filas a jóvenes, adolescentes y adultos. Mucho pueden hacer los CDR desde el barrio para contribuir a ahorrar de energía en la actual coyuntura energética que vive el país.

Cada miembro de la organización cederista y desde la propia vivienda deben adoptarse medidas que ayuden a disminuir los picos de consumo de la demanda eléctrica. Si bien desde el sector estatal se ponen en práctica acciones para transformarlos, no debemos obviar que el sector residencial tiene la mayor incidencia en esta situación que ataña a todos.

A las seis de la tarde en la mayoría de los hogares de Contramaestre se simultanean actividades cotidianas que ponen el contador a correr hasta aproximadamente las 10 de la noche. En ese período de tiempo se triplica el costo de la producción de electricidad.

En ese momento cada miembro de los CDR puede llamar a su vecino y convocarlo a que apague una lámpara de 20 wats, con solo esa acción estaremos disminuyendo el consumo en unos 80 megawats. Si desconectamos el refrigerador 2 horas el ahorro sería mayor.

Los hogares cubanos son responsables del 60 por ciento del consumo eléctrico en el país. Cada vecino debe incorporar a su cotidianidad nuevas medidas para ahorrar.

Centinelas de la energía eléctrica

En centinelas de la energía eléctrica se han convertido niñas y niños del municipio de Contramaestre. Mediante la constitución de los Guardianes clic los más pequeños contribuyen a transformar la conciencia y actuación en el ahorro de electricidad en centros de trabajo y hogares.

Se trata de un movimiento creado en toda Cuba debido a la situación energética propiciada por el recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos.

Yaquelín Domínguez Tamayo, presidenta de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM) en el territorio declaró que unos 30 alumnos por escuelas se encargarán de ir casa a casa, en un plan tun tun (tocando puertas); con el propósito de educar sobre los mejores horarios para la cocción de los alimentos, los equipos más consumidores y los hábitos inadecuados con respecto al uso de la energía eléctrica.

Según la representante de los pioneros, esta actividad servirá también para cambiar los modos de actuación en sus propios hogares donde las niños y los niños podrán apagar luces encendidas innecesariamente y evitarán el uso de equipos de alto consumo energético en horarios picos.

Los integrantes de los guardianes clic en los 13 poblados de Contramaestre tendrán facultad para visitar los centros laborales que se encuentren en el radio de acción de sus escuelas y así fomentar una adecuada cultura energética en trabajadores y directivos.

De esta manera, los pioneros de Contramaestre responden al llamado del Presidente cubano Miguel Díaz Canel Bermúdez quien escribió en su cuenta oficial en Twitter: Niños y jóvenes cubanos como guardianes de la energía, eso es Pensar en Cuba.