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Agradece Liz Gabriela la vacuna de la esperanza

Con sueños y alegrías Liz Gabriela Brizuela Cabrera, acudió al vacunatorio a inmunizarse contra la Covid-19.  No asistió sola; su abuela la llevaba de mano con la certeza de que su nieta recibiría la vacuna de la esperanza.

En el local aguardaban otros niños en espera de la primera dosis del amor y la salvación. El llanto era apenas perceptible, porque médicos y enfermeras con su inteligencia y manos prodigiosas, calmaban el temor haciendo del pinchazo un dolor nada intenso.

Luego de vacunarse con Soberana 02, la niña de seis años dice gracias, mientras que con rostro tierno se pone de pie junto a su abuela en expectativa de la observación indicada por hora.

Guardando prudente distancia y con su nasobuco puesto como protección, Liz Gabriela juega con su muñeca Pilar, con quien sostiene una amigable conversación diciéndole que está feliz porque no enfermará de un virus y que muy pronto va para su escuela.

Otros niños son chequeados con detenimiento en el vacunatorio para comprobar la reacción, donde instructores de arte disfrazados de payasos hacen reir a los pequeños con sus cuentos de fantasías y música infantil.

¿Abuela, quedan otros pinchazos?- pregunta Liz Gabriela. Por hoy no-, le responde la abuela; luego tenemos que venir a este lugar para matar ese coronavirus que mucho tiempo te ha resguardado en casa.

¿Y Pilar se puede vacunar? insiste la infante. No, le responde la Doctora; Pilar es tu muñeca de compañía que alivia tu vacuna. ¿Muy pronto iré a la escuela? Sí, en noviembre próximo será la arrancada para que estés en tu grupo con pioneros alegres, para aprender a leer, a contar, escribir; aprender a decir poesías e interpretar canciones; a ver brillar el sol.

Transcurrida la hora, se retiran del vacunatario Liz Gabriela y su abuela para regresar a casa y esperar 28 días tras la inmunización con Soberana 02. Brazos diminutos vacunados por vez primera contra la Covid-19 ya conquistan sueños y auguran un mañana promisorio.

Promueve verano en familia Combinado Deportivo Contramaestre

El Combinado Deportivo Contramaestre desarrolla este año un verano diferente, marcado por las restricciones de una pandemia que obliga a quedarse en casa para cuidar nuestra salud. Yainel Montalvo Cabrera, jefe de cátedra de actividades deportivas, en la sección de deportes mixtos en ese combinado, comenta como tienen concebidas las actividades del verano, donde los juegos en familia son la principal opción.

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Covid-19: entre luces y sombras

Xiomara Barrientos Isaac cuando supo que era una paciente positiva a la Covid-19 se sintió entre luces y sombras. Su traslado hacia instituciones especializadas de la provincia Santiago de Cuba le devolvió confianza en el sistema de salud cubano.

Con 73 años de edad esta oriunda de Contramaestre, totalmente recuperada en su casa agradece a la Revolución. Con fe y optimismo mira hacia el futuro, convencida que venció al nuevo coronavirus.

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Aporte desde Maffo a la soberanía alimentaria

Carlos Ojeda Aroche, es uno de los habitantes del poblado de Maffo, municipio de Contramaestre, que ayuda a la consolidación de la soberanía alimentaria. Para ello, la cubierta de hormigón de su casa, es el escenario productivo donde se cultivan diversas hortalizas y condimentos.

Esta alternativa alimentaria puesta a prueba por Ojeda Aroche, refuerza el balance nutricional de su familia y vecinos. Cultivos como remolacha, lechuga, pepino, cebolla, comino, culantro, entre otros, son visibles en su hogar.

Avanza en Contramaestre agricultura familiar

José Mariano Lora López, es un educador de Contramaestre, que asume la agricultura familiar con verdadero compromiso. La siembra de diversos cultivos, preferentemente, vegetales, en un área aledaña al patio de su casa, asegura parte de los alimentos de su familia y vecinos, al tiempo que contribuye a solventar su economía.

La experiencia, que forma parte del programa de soberanía alimentaria, favorece el consumo social de determinadas instituciones asistenciales y educativas de Maffo.

Derechos humanos y su distorsión norteamericana

El 10 de diciembre de 1948, concluida la II Guerra Mundial, se firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Por ello, la ONU escogió ese día para señalarlo en el calendario de celebraciones.

Si hacemos una investigación medianamente responsable de la realidad posterior al parto de la fecha, sale a relucir, de manera inmediata, que el país potencia, Estados Unidos, se apropió de esas dos palabras –derechos y humanos– y las convirtió en instrumentos políticos, lo mismo para imponer sanciones que para lanzar agresiones militares, y así ha sido hasta hoy.

Sin embargo, no es nada difícil desnudar tal concepción, pues el estandarte tejido en estos 72 años no ha sido otra cosa que una fachada llena de lentejuelas baratas, colgadas con alfileres que se quiebran con el más mínimo empuje de la verdad.

Derecho humanos ahora mismo en EE.UU.

Confieso que no conozco si aquella Declaración Universal de 1948 puede justificar lo que ocurre hoy mismo en el poderoso imperio del Norte. ¿En qué párrafo podría encontrarse que cuando Donald Trump creó jaulas y centros de detención para menores inmigrantes en la frontera con México, estaba defendiendo un derecho humano? ¿Dónde poner las cifras de afronorteamericanos asesinados por la policía de ese país sin que sus actores sean castigados? ¿Cómo entender que en EE. UU. mueren alrededor de 11 000 personas anualmente por armas de fuego?

Según cifras del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés), en 2016 se usaron armas en un 73,3 % de los asesinatos, en un 47 % de los robos y en un 31,8 % de las agresiones graves. En ese país son muy comunes los tiroteos en lugares públicos como universidades, cines, plazas, hospitales…, debido, entre otras cosas, a la facilidad del acceso a los armamentos.

¿Quién garantiza entonces los derechos humanos, o mejor dicho, la vida de los niños que mueren en una escuela por el uso autorizado de un arma de fuego en manos de cualquier persona, incluso de menores? ¿Quién debe ejercer el control –y no lo hace– de la adquisición de un arma y el uso de ella? ¿Qué interpretación dar al concepto derechos humanos, cuando la víspera, precisamente de este 10 de diciembre, Estados Unidos tenía casi 15 millones de contagios por la COVID-19, y registra más de 280 000 fallecidos, según la OMS?

Y hay que relacionar el tema con los derechos humanos, por cuanto una gran responsabilidad –o mejor dicho, irresponsabilidad– por la falta de control de la pandemia y por haber ignorado su gravedad, la tiene el Presidente de ese país.

La violación de los derechos humanos por parte de Estados Unidos no solo ha tenido como escenario su territorio. Ha ido más allá de sus fronteras.

Cuando en 2001 invadieron Afganistán, lo hacían sabiendo que ese país asiático ocupaba uno de los primeros lugares entre los más pobres del planeta. Años después, aún hay contingentes militares del Pentágono en esa nación, mientras la cifra de civiles muertos por ataques aéreos liderados por EE. UU. aumenta casi un 330 % entre 2016 y 2019, según un estudio elaborado por el Proyecto de Costos de Guerra de la Universidad de Brown, publicado el pasado lunes.

Además, la agresión ha dejado un saldo de casi 5 000 soldados muertos, de los cuales 3 356 son estadounidenses, así como decenas de miles de civiles asesinados y más de 50 536 heridos desde que la ONU empezara a recopilar datos estadísticos sobre el asunto.

Cuando Estados Unidos invadió Irak bajo la sombrilla de una burda mentira sobre armas de destrucción masiva que nunca existieron, lo hizo, según el entonces inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, para hacer respetar los derechos humanos en esa nación.

En estos 17 años han sido más de 600 000 los muertos, la mayoría de ellos civiles, víctimas de las bombas, cohetes, y el uso del uranio empobrecido, de acuerdo con la revista británica The Lancet.

Ha sucedido otro tanto en Libia y en Siria, donde todavía hoy, además de matar civiles y luego decir que son «daños colaterales», se roban públicamente el petróleo y entorpecen la lucha antiterrorista que emprenden las fuerzas locales.

Otra guerra que encabeza Estados Unidos, tan cruel como la militar, es el uso de las sanciones económicas, financieras y comerciales contra países cuyos gobiernos no se alinean a la política imperial y optan por defender su independencia y soberanía.

Así pasa con Cuba, por más de 60 años bloqueada, la Venezuela bolivariana y la Nicaragua sandinista. También usan sanciones contra la República Islámica de Irán, Corea del Norte, Siria y la empobrecida Yemén, entre otros países.

Han agregado a esta vergonzosa lista, las sanciones contra Rusia y China, en lo que constituye un desafío al equilibrio y a la paz mundial.

Ese es Estados Unidos, el país cuyo gobierno alega ser el modelo de garantía de los derechos humanos. ¿Cómo puede permitirse que se presente como el abanderado de su defensa? Sobran los ejemplos de semejante absurdo e hipocresía.

(Tomado de Granma)

Bloqueo de EE.UU. a Cuba con cifras históricas en 2020

La Habana (Prensa Latina) Antes de abandonar la Casa Blanca, la administración de Donald Trump deja en 2020 cifras inéditas de daños por el bloqueo contra Cuba, recrudecido durante la pandemia.

De acuerdo con el canciller de la isla, Bruno Rodríguez, por primera vez en seis décadas esta política hostil provoca pérdidas superiores a los cinco mil millones de dólares en un año.

El gobierno de Estados Unidos recrudeció las medidas ante la Covid-19 por lo que ‘se trata de un acto de guerra económica’, dijo durante la presentación del informe sobre las afectaciones del bloqueo.

A la isla se le niega el acceso a tecnologías médicas e insumos de Estados Unidos y terceros países con un componente de hasta el 10 por ciento proveniente del país norteño.

Según Rodríguez, esto hace que Cuba enfrente ‘dificultades descomunales’ a la hora de obtener equipamiento y materias primas para la producción de medicamentos contra el SARS-CoV-2.

Por otro lado, donativos y compras en el exterior no pudieron materializarse debido a las sanciones que forman parte del bloqueo.

Otras muestras de agresividad son la campaña contra la cooperación médica cubana, los impedimentos para renovar licencias de compañías, la reducción extrema de la transportación aérea y el ataque a las remesas.

De hecho, la compañía norteamericana Western Union cesó la entrega de remesas en Cuba a causa de las medidas unilaterales del Gobierno de Estados Unidos para impedir esa actividad en la isla.

El bloqueo y su extraterritorialidad

La aplicación extraterritorial del bloqueo también se agravó entre 2019 y 2020 pues la Oficina para el Control de Activos Extranjeros impuso 12 penalidades a entidades estadounidenses y de terceros países que superaron los dos mil 403 millones 985 mil 125 dólares.

Por otra parte, se iniciaron procesos legales al amparo de la Ley Helms-Burton por primera vez en 23 años.

En declaraciones a Prensa Latina, la investigadora del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de la Habana, Dalia González, advirtió que muchas de las medidas coercitivas de Estados Unidos obedecían a una estrategia electoral.

Según la profesora, Donald Trump buscó con esto seducir los votos de la comunidad cubanoamericana de la Florida debido a su importancia como estado pendular.

Sin embargo, la política hostil de la Casa Blanca también perjudica a los estadounidenses por lo que numerosas voces de diferentes sectores se unieron este año al reclamo por el fin del cerco.

En opinión del activista cubanoamericano Carlos Lazo, el bloqueo limita sus libertades, impide que los estadounidenses accedan a fármacos de la biotecnología cubana y a los mercados de la isla, por citar ejemplos.

La activista estadounidense Angélica Salazar dijo a Prensa Latina que las acciones de la Casa Blanca le impiden realizar su trabajo en programas educacionales junto al Centro Memorial Martin Luther King, la Universidad de La Habana y la Casa de Las Américas.

De acuerdo con datos oficiales, entre 2019 y 2020 Estados Unidos aplicó 17 medidas coercitivas para impedir que los norteamericanos y cubanos residentes en ese país vuelen a la isla.

De hecho, el mandatario republicano Donald Trump prohibió los viajes turísticos a Cuba, los vuelos chárteres, cruceros, aviones y embarcaciones privadas, e incluso cerró los llamados contactos ‘pueblo a pueblo’.

Además, las políticas de Estados Unidos contra Cuba afectan el desarrollo de sectores con alto impacto social en la isla.

Fuentes oficiales reflejan pérdidas desde abril de 2019 a marzo de 2020 a la esfera de la salud en el orden de los 160 millones 260 mil 880 dólares, las afectaciones al sector educacional se estiman eCovid-19n 21 millones 226 mil dólares, mientras que en alimentación y agricultura se contabilizan daños por 428 millones 894 mil 637 dólares.

Recientemente, el presidente electo estadounidense Joe Biden manifestó su intención de dar un nuevo enfoque hacia Cuba y calificó la política actual de la Casa Blanca de un fracaso total.

En tal sentido, el canciller cubano reiteró que la isla cuenta con el apoyo mayoritario de la comunidad internacional, por lo tanto, la política de Washington aumenta el descrédito y aislamiento de ese país.

(Tomado de PL)

El altruismo de estudiantes de enfermería

Jóvenes estudiantes de la carrera de enfermería en el municipio de Contramaestre protagonizaron un arduo trabajo de enfrentamiento contra la Covid-19 cuando este territorio registró casos positivos a la pandemia.

Uno de ellos fue Leandro García Aguilera quien cursaba su tercer año en el mes de abril y cambió el espacio del aula por el recorrido casa a casa para detectar posibles casos del nuevo coronavirus en la comunidad de Blanquizal, en el consejo popular de Maffo.

El joven dio su contribución con alto sentido de altruismo en esa batalla por la vida consciente de que debía extremar sus cuidados para no contagiarse con el virus ni contagiar a sus familiares. Es así que al terminar las jornadas de pesquisas activas se cambiaba de ropa en el patio de su casa y se bañaba, para entonces poder entrar a ver a los suyos.

Del miedo nunca habló. La vocación humanista de la carrera que escogió le impidió pensar en temores porque la prioridad era y es, la salud de las personas. Tampoco pasó por su mente negarse a la tarea, esa era su misión en ese momento y para hacerla bien contó de sobras con el apoyo de sus padres.

Transcurrido más de seis meses sin casos positivos de Covid-19 en el municipio de Contramaestre, Leandro García Aguilera vuelve a las aulas para continuar forjándose como un profesional de la enfermería, pero antes exhorta a mantener el lavado permanente de las manos, el uso correcto del nasobuco, el distanciamiento físico y siempre que se pueda quedarse en casa.

Miguel Osoria y su mejor trinchera

Miguel Osoria Rodríguez es una suerte de educador versátil, que tiene la capacidad para desempeñarse en diferentes espacios de la enseñanza, desde la primaria hasta la universitaria.

También invierte buena parte de su tiempo en el ejercicio de la literatura y en estos tiempos de pandemia mundial, pone todo su empeño en la poesía.

Osoria Rodríguez, oriundo de Baire, Contramaestre, confiesa tener la impresión de enfrentarse a un enemigo invisible con la presencia del nuevo coronavirus en Cuba.

La máxima trazada para estos tiempos es conservarse en casa y hacer de esta, la mejor trinchera.

Ver video.

Bella cubana contra la COVID-19

Liliana Frómeta Mendoza es una bella cubana residente en el pintorezco poblado de Baire, Contramaestre, Oriente de Cuba.
Desde sus oficios como especialista de la cultura y Directora de la Casa Comunal de Cultura Zoila Rosa García Arias, regala a los internaitas de todo el planeta, la belleza rítmica de los versos de Nicolás Guillén.
Desde lo mas profundo de su corazón Frómeta Mendoza te sugiere que, junto a un buen libro de poemas de Guillén, te quedes en casa.