Qué puedo decir yo, anónimo hombre de la historia, de este gran hacedor de pueblos. Desde mis ojos acostumbrados a lo cotidiano, no salgo de la tristeza y me niego a creer que ha muerto. Hombres, como Hugo Chávez, no mueren, siguen vivos en otros que saben asumir las energías revolucionarias y canalizarlas en los soñadores de un mundo mejor.
Qué pudiera decirle yo a sus cuatro hijos, al pueblo venezolano en esta hora de la historia. Sencillamente acudir a Martí y recomendarles mantenerlo vivo en el amor, el recuerdo. No convertirlo en letra muerta, o héroe inalcanzable en un pedestal, sino en posibilidad latente de excelencia y creación, en paradigma de revolucionario en la América nueva.
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