Maestro, Apóstol, Héroe… en todo tiempo

Maestro, Apóstol, Héroe… en todo tiempo

Aquel hombre de mirada tierna resurge este día entre alas de colibrí con la gracia y prodigio de una legendaria huella de amor y combate, porque El Apóstol resurge en todo tiempo.

La calle Paula de la Habana vieja dejó de ser la misma, aquel 28 de enero de 1853 entre el polvo y el bullicio de su gente, porque nacía el más ilustre de todos los cubanos.

Transcurridos 168 años de un nacimiento sin par, su estrella reluce con fino decoro en la memoria de una América extendida desde el Bravo hasta la Patagonia, donde el blanco, el negro, el mestizo, el indio lo recuerdan como el poeta mayor, como el autor de los versos sencillos, como el padre de La Edad de Oro.

Aún las canteras de San Lázaro provocan la indignación por la maldad de los hombres. Tampa, Cayo Hueso y Nueva York, respetan su verbo incendido como Apóstol, su entrega incondicional al destino de la Patria.

Los pasillos del Moncada evocan la atinada visión del más universal de los cubanos, cuyo legado: “trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedra” ha sido el arma eficaz para la Isla frente al imperio de arraigadas entrañas.

Dos Ríos lo abrazó en silencio con una lágrima en el Contramaestre, con un sol que acarició sus doctrinas. Aún su lánguida figura, su mirada tierna y sagaz, nos acompaña porque “Honrar, honra”.

José Martí, El Apóstol, renace este 28 de enero en una Cuba agradecida hasta la eternidad, el Héroe Nacional trasciende en su tierra como símbolo de amor y patriotismo.
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