Primera Carga al machete en Baire

Primera Carga al machete en Baire

La Primera Carga al machete del Ejército Libertador ocurre el 26 de octubre de 1868 sobre el camino real, en el lugar conocido como Pinos de Baire, Venta del Pino o Tienda del Pino, a un kilómetro al oeste del poblado de Baire, en el actual municipio de Contramaestre, provincia de Santiago de Cuba, en la antigua provincia de Oriente. (Entonces territorio de la Jurisdicción de Jiguaní).

Durante mucho tiempo los historiadores aceptaron que el combate de Pinos de Baire sucedió el 4 de noviembre de 1868, pues así lo manifestó el propio general Máximo Gómez en su Diario de campaña. Sin embargo, el 1 de noviembre de 1868, el comandante general del Departamento Oriental del Ejército español, le envió una comunicación oficial a Francisco de Lersundi (quien fue capitán general de la Capitanía General de Cuba entre diciembre de 1867 y enero de 1869), en la que le informaba que «la columna de Quirós, entre Baire y Jiguaní, [le ha dado] un nuevo alcance a una reunión de cuatro partidas en fuerzas como de 600 hombres.

A partir de otros documentos se ha precisado que Demetrio Quiroz Wegler abandonó Baire el 26 de octubre ―y no el 25 de octubre, como publicó el periódico habanero―, por lo cual se infiere que fue ese el día del combate.

En la madrugada del 26 de octubre, saldría una columna española fuerte, de las tres armas, integrada por batallones de los regimientos Cuba y La Corona, con dos piezas de artillería, en total unas 700 plazas, bajo el mando del coronel Demetrio Quirós Weyler salió de Santiago de Cuba hacia Bayamo.

Ante esta situación, Carlos Manuel de Céspedes ordenó al mayor general Donato Mármol que ocupara posiciones en Jiguaní y detuviera al enemigo. Mármol llegó al pueblo acompañado por Gómez y Calixto García, y ordenó al gran dominicano avanzar por el camino real, con unos 200 hombres, y atacar a Quirós durante su marcha.

Al llegar a Baire la columna se detuvo. Inicialmente Gómez ocupó posiciones en el sitio conocido como Loma del Yarey, a unos seis km al este de Jiguaní; pero al tener informes de que las tropas españolas se mantenían en Baire decidió continuar hasta las cercanías de ese pueblo y buscar un lugar apropiado para preparar una emboscada. El punto escogido fue el que dio nombre al combate.

El 26 de octubre, Quirós ordenó la salida de sus tropas en dirección a Jiguaní, disponiendo que dos compañías, una del Cuba y la otra de La Corona, marcharan a la vanguardia, en total unos 200 hombres, e inexplicablemente no organizó la seguridad en marcha.

Desde la madrugada de ese día, Gómez, con unos 40 hombres de infantería, había ocupado el lugar de la emboscada. Su orden fue que nadie hiciera fuego hasta que él no lo mandara, e inmediatamente se atacaría con los machetes.

Cerca del mediodía llegó la vanguardia de Quirós a la emboscada y Gómez, saliendo al camino, ordenó el ataque que se inició con algunos disparos y el asalto al arma blanca, lo cual provocó tal sorpresa y terror en los soldados españoles que apenas acertaron a defenderse, sufriendo numerosas bajas. El resto se dispersó y se refugió en Baire.

Los españoles no resistieron el machete cubano

Los resultados de la acción resultaron claramente favorables a las armas cubanas; el mando español reconoce que Quirós llegó a Santiago de Cuba con un tercio menos de sus hombres. Teniendo en cuenta que en total los españoles eran 700, las bajas fueron aproximadamente 233. Si recordamos que las columnas sometidas a la carga se componían de 224 hombres, es evidente que fueron prácticamente aniquiladas, lo cual provocó el pánico en las fuerzas peninsulares y les hizo desistir de llegar a Bayamo. Esta fue la acción más sangrienta y más efectiva de las fuerzas cubanas.

Sin embargo, los españoles, a tenor con los cánones y conceptos militares del período, consideraron como suya la victoria al quedarse dueños del campo de batalla, aunque fuera para recoger a sus caídos.

A partir de este combate, el machete, tradicionalmente empleado en Cuba como instrumento para el trabajo agrícola, en particular el corte de caña, se convirtió en una poderosa arma en la lucha por la conquista de nuestra independencia.

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