Che Guevara en la guerrilla boliviana

Che Guevara en la guerrilla boliviana

A los 6 meses de nacido le llamaron teté. El devenir de los años y en cada uno de los contextos en los que palpitó su obra le atribuyeron otros seudónimos: Alberto, Pelao, Chancho, Che, Ramón, Luis, Fernando sacamuelas, y rumbo a Bolivia en los primeros albores de 1966, el apodo de Adolfo Mena bautizó su entrada a este país.

Iniciaba así la épica hazaña del comandante Ernesto Che Guevara y sus compañeros de la guerrilla boliviana. Una vida en campaña que comenzó en la “Casa de Calamina” y desde donde se organizó el establecimiento del Campamento Central.

En marzo viaja a tierra andina el primer cubano del grupo internacionalista y paulatinamente se fueron incorporando más de cincuenta, entre ellos, nuestro Orlando Pantoja “Olo”, para formar parte de este proyecto de liberación, perseguido por el Ejército Boliviano con la contribución de Estados Unidos.

La historia guarda en sus páginas que el destacamento estaba organizado en tres pelotones: La Vanguardia, El Centro y La Retaguardia. Durante 11 meses crearon las condiciones indispensables, combatieron en 22 acciones y desafiaron escenarios tan complejos como la falta de alimentos, agua, la lluvia y el frío.

El “Diario del Che en Bolivia” revive en sus escritos la entrega y bravura de sus compañeros,  los sucesos cotidianos en condiciones de guerra. Memorias que a cincuenta años inmortalizan cada batalla, de victoria o derrota, cada pérdida, cada sentimiento de libertad y justicia nacido en esa tierra.

Diario que cuenta como el mes de agosto fue el más malo en lo que iba de guerra.  Septiembre trajo grandes bajas, y la tarea más importante, era buscar zonas más propicias; luego los contactos, a pesar de que todo el aparato estaba desquiciado en La Paz, capital del país, donde también les dieron duros golpes, pero la moral del resto de la gente se mantenía bastante bien. Y octubre comenzó con tranquilidad, como un día sin novedades.

‘Muchos Che’

La historia por estos días padece una mezcla de orgullo y tristeza, el niño, joven y hombre de muchos seudónimos, “con personalidad impetuosa, pensamiento inquisitivo y creador, notable coherencia entre su manera de pensar y actuar, valentía temeraria en los combates, imagen permanentemente lozana y desafiante” llegó a Bolivia siguiendo su ideario y a ella le obsequió sus últimos pensamientos combativos y energías de patriota.

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