Honramos a Carlos Manuel de Céspedes con su legado en nuestras manos

Honramos a Carlos Manuel de Céspedes con su legado en nuestras manos

El 27 de febrero de 1874 se acaba la vida de Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, pero vive más que nunca su legado en los cubanos dignos que hoy trabajamos y luchamos de mil maneras y contra todas las adversidades creadas por el enemigo feroz que nos asecha desde el mismo triunfo de la Revolución cubana el 1 de enero de 1959, y que lleva a cabo un cruel bloqueo económico y financiero contra Cuba, haciendo mucho daño pero sin lograr su propósito malvado: asfixiar al pueblo cubano y hacerlo revelar contra su gobierno.

Más que su muerte, hoy recordamos la epopeya de liberar a sus esclavos el 10 de octubre de 1868, e invitarlos a luchar por la independencia de Cuba. Inició así la Guerra de los Diez Años, primera contienda contra el colonialismo español.

El legado de Céspedes, de Maceo , de Martí, de Fidel tiene denominadores comunes: libertad, independencia, y soberanía. Hoy Cuba se defiende de un férreo bloqueo, lucha contra la Covid-19, y enfrenta a enemigos dentro y fuera de la isla, enarbolando con la consigna de Patria o Muerte, heredada de los próceres de la independencia.

Nuestra sólida e infranqueable posición ante la tentativa de golpe blando por algunos artistas y otros individuos que reciben dinero de agencias de los Estados Unidos como USAID, y la National Endowment for Democracy (NED), viene de la rebeldía de nuestros mártires y héroes, que lucharon de generación en generación hasta alcanzar el sueño anhelado.

No permitiremos volver a la esclavitud, no volveremos a ser un neo-colonia, no volveremos a soportar el yugo opresor, defenderemos nuestras conquistas al precio que sea necesario, inspirados en el Padre de la Patria, honrándolo con la obra diaria que construimos todos los días cada muerte, cada sacrificio, cada heroísmo, de quienes nos enseñaron a ser dignos y honorables.

Breve sobre la muerte de Carlos Manuel de Céspedes

El 27 de febrero de 1874, Céspedes fue invitado a almorzar en la casa de Evaristo Millán, que vive a una legua de San Lorenzo, pero amaneció sin deseos de pasear y pidió a Lacret, que tenía los caballos preparados, que excusara su ausencia. Está elegantemente vestido. Almuerza en compañía de Lacret y, luego de jugar una partida de ajedrez, pasa a tomar café, como era su costumbre, en la casa de las hermanas Beatón.

Hace luego una visita a la amante. Está allí cuando una niña que pedía un poco de sal avisa de la presencia española. Corre Céspedes, revólver en mano, por entre la maleza en busca de un farallón por el que piensa despeñarse en el intento de librarse de los que lo persiguen.

El plan no es del todo descabellado. Pero los soldados no le dan tiempo: se le enciman en cuanto lo ven salir de casa de Panchita. Unos 300 metros lo separan del barranco. Con 55 años de edad y casi ciego, el Padre de la Patria tiene las de perder en aquella carrera.

Los perseguidores acortan la distancia. Céspedes, cerca ya del abismo, se vuelve y dispara. Corre de nuevo y al borde de la sima dispara sobre el enemigo más cercano, el sargento González Ferrer. Dispara también el sargento, a boca de jarro, y el hombre del 10 de Octubre cae al vacío.

Muere así Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria.

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