Desde los primeros años de vida, en escuelas, programas de televisión y hasta en actividades recreativas, se nos ha hablado de ese importante concepto que es el medio ambiente. Muy vinculado al término naturaleza, las conversaciones sobre este tema, en su mayoría, se han centrado en la necesidad de su protección.
Y es que, desde luego, el cuidado del medio ambiente es un punto fundamental en las agendas de desarrollo de varios países y regiones, uno de los mayores retos de la humanidad en nuestro tiempo. Esta protección incluye no solo las aguas, el suelo y la atmósfera, sino múltiples ecosistemas que, desde la diversidad biológica, contribuyen al equilibrio de la naturaleza.
Y aunque las pequeñas acciones desde el hogar, desde los espacios más íntimos, ayuda a salvaguardar nuestra casa grande, lo cierto es que, actualmente, el planeta demanda una concientización a nivel global, que incluya a las grandes industrias contaminantes, los diferentes gobiernos y organizaciones internacionales, los científicos e innovadores, es decir, acciones a gran escala que impacten en la forma en que el ser humano interactúa con su entorno.
Ya desde el pasado siglo esta era una cuestión de primer orden, pues en 1972, un 5 de junio, la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) instituyó el Día Mundial del Medio Ambiente. El propósito de esta fechas es, precisamente, crear conciencia a todos sobre la necesidad de proteger el medio ambiente y promover estrategias para preservar y proteger nuestro planeta.
Cada año, esta celebración se centra en un elemento específico de la naturaleza para ahondar en su situación actual, los peligros de su deterioro y, por supuesto, alternativas para la conservación. En los últimos años, uno de los más reiterados ha sido el aire, debido a una progresiva contaminación que ha derivado en problemas de salud en muchas geografías.
El aire que respiramos, hoy arroja altos índices de gases y partículas nocivas para el ser humano, en su mayoría productos de los procesos de combustión con petróleo y sus derivados. Las consecuencias para la salud son evidentes, desde problemas respiratorios simples hasta una pérdida total de la capacidad pulmonar.
Además, los ecosistemas se ven también afectados por esta razón, incluyendo a animales y plantas que, en muchos casos, son endémicos de ciertas zonas o se encuentran en peligro de extinción, lo que atenta directamente contra la biodiversidad y el equilibrio de los ecosistemas, ya sean marinos o terrestres. De igual forma, el calentamiento global, la contaminación de las aguas potables, la deforestación, y otros problemas ambientales, amenazan el futuro del planeta y de su correcto intercambio con nuestra especie.
Y por eso las cuestiones ambientales son de tanta urgencia, por influir directamente en la calidad de vida del hombre, y en el futuro de las nuevas generaciones. No olvidemos que, a fin de cuentas, somos también parte de ese mundo natural que poco a poco se degrada a causa de la insensibilidad y conductas poco responsables.
Pero el día del medio ambiente no es, por defecto, una fecha pesimista, sino una invitación a tomar acciones concretas para rescatar la naturaleza y a nosotros mismos. Los daños al planeta son innegables, pero muchos aspectos aún son reversibles; aún hay esperanza.
No se trata de poner la responsabilidad en manos ajenas, sino de actuar, e invitar a otros a participar en la restauración, el cuidado y la vigilancia de este mundo del que formamos parte. Está en nuestras manos el porvenir, el aire, las aguas y la atmósfera del mañana; está en nuestras manos la salud del medio ambiente

