En Contramaestre las aulas vuelven a llenarse, y no hay mejor ocasión para hablar de resistencia y amor.
El reinicio del curso escolar 2021-2022, aunque no marca una nueva etapa, simboliza la continuidad después de la pausa. De ahí la trascendencia de este 5 de septiembre, cuya bienvenida estuvo precedida de días de preparación para el acto determinante de volver a dejar a sus hijos en la escuela.
La vuelta al curso sigue siendo tradición diaria de mochilas, merenderos, zapatos, libretas y libros forrados, lápices, uniformes, como lo es también la necesidad de enseñar a los niños a protegerse de la Covid-19, a lavar sus manos, a mantener la distancia, a no confiarse para evitar la enfermedad.
Los retos para los hogares donde reside un miembro en edad escolar, se traduce también en apoyar a ese estudiantado en el ritmo intenso y fragmentado de aprendizaje que ha obligado la pandemia.
Pero el simbolismo del reinicio del período lectivo va más allá del esfuerzo individual, pues reconocer el aporte colectivo es, según observación periodística, el respeto de un país por defender una de sus más preciadas conquistas.
Resistencia ante las adeversidades
Gracias a la resistencia ante las numerosas adversidades afrontadas como virus, bloqueo de una potencia mundial, crisis económica y accidentes, el sistema educacional aflora su grandeza y estoicismo por reflejar al planeta el valor de la pedagogía cubana, en apuesta por el intelecto, por la inteligencia que innova y lucha por la soberanía, dando todos los días de su creatividad.
Tal vez no será un curso escolar como otros precedentes, pero su arrancada fue y será de clases y maestros, pañoletas e Himno nacional, y flores y respeto para Martí, porque sabemos que la voluntad es de seguir sembrando conocimientos y valores, que es trabajar por la Patria.
Tras ese destino, las aulas vuelven a llenarse para que no haya mejor ocasión para hablar de resistencia y amor.

