Otro septiembre que aguarda por sus discípulos

Otro septiembre que aguarda por sus discípulos

Llegó septiembre y por segundo año consecutivo, el gozo en Cuba es diferente. Las calles no exhiben el bullicio tradicional de un puñado de semillas que preparan el porvenir.

El ir y venir de padres que conducen a sus hijos queda atrasado hasta un nuevo comienzo presencial. En la plaza, un Martí silencioso aguarda por sus discípulos. La bandera de la estrella solitaria no ondea acompañada de los primeros rayos del sol. Las notas del Himno Nacional, es el símbolo de identidad que espera por los hombres y mujeres del mañana.

Una pandemia que encierra el peligro y la muerte detiene la bienvenida para el reinicio del curso escolar; no así la esperanza de ser una de las naciones más culta del mundo.

Las aulas y sus mobiliarios anhelan a sus alumnos y docentes en este septiembre; en las pizarras no se utilizan las tizas para escribir trazos, figuras geométricas, números y letras, mientras que las computadoras continúan apagadas sin una interacción virtual para enriquecer el conocimiento.

Los pasos de la felicidad esta vez están retrasados, porque hay escuelas solidarias que salvan vidas; hay médicos y enfermeras que sustituyen educadores frente a la batalla de la Covid-19, donde importa la salud del pueblo en presencia de un pico pandémico que precisa detención.

Desde casa se retoma el desafío para aprender saberes diversos con el apoyo de teleclases y el acompañamiento familiar. Tras cinco meses de distancia no falta el deseo del encuentro, de esa esencia educativa que distingue cada septiembre.

El no regreso a las aulas en este septiembre habla de una protección, de una conducta social para lograr un retorno seguro y feliz con un nuevo accesorio que esconde sonrisas en armonía con uniformes multicolores y mochilas cargadas de sueños, sin dejar de ser alegres.

Con Abdala en el brazo, las instituciones educativas continuarán en meses sucesivos sus rutinas diarias para ensanchar el universo de la instrucción, porque como dijo El Apóstol: saber leer es saber andar y saber escribir es saber ascender.

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