La palabra Papá es una de las primeras que pronunciamos en la vida. A mi padre lo recuerdo vestido con su ajuar campesino, machete en la cintura y su acostumbrado sombrero de yarey. Desde muy temprano en las plantaciones arando la tierra y sembrando varios cultivos para alimentar a la familia y a sus semejantes.
Desde pequeño mi afinidad con papá fue más grande que con mi madre, a quien también amo mucho, pero mi padre me enseñó el amor por la tierra, los animales y el verdor del campo.
Crecer al lado de ambos ha sido el mejor regalo que me dió la vida.
Y ahora cuando ya soy padre de familia, sigo sus enseñanzas para con mis hijos. Les digo que el trabajo engrandece el alma y el espíritu de cualquier persona, que la tierra es quien nos alimenta y hay que amarla como a la familia, que la educación de los hijos se predica con el ejemplo y que ser honrado es la mayor riqueza.
Por eso y muchas cosas más confieso que mi Papá ha sido mi mayor amor y mi héroe favorito.
