Azucareros, fuente  de luz y vida

Azucareros, fuente  de luz y vida

Te levantas, azucarero,  para amanecer en el surco, sintiendo el rocío que te bautiza como machetero. Tus años de juventud no se apagan con el tiempo que identifica la costumbre.

Con machete en mano desafías el tallo de la cosecha, que viaja al ingenio para extraerle su miel. La tarea del azúcar te distingue en el campo, al aire libre y bajo el sol, con sed muchas veces calmada por aguas de ríos y manantiales.

Con sentido de pertenencia a la tierra azucarera, asumes cada jornada con la esperanza solidaria del optimismo. Más, la luz no se apaga en el rostro sudoroso de piel curtida por el sol. Tu mano de abuelo, de padre, de hijo, envuelta en un machete en tiempos de zafra, identifican la herencia.

El esmero del azucarero

¡Cuántas madrugadas te sorprenden entre el helado viento del invierno con un traje de niebla y una cota de luna! Pero comprendo que vives con las botas puestas en la tierra, con tus brazos retadores y el corazón lleno de alegrías para hacer más noble tu labor.

De figura esculpida en quebracho estás hecho machetero cubano, quien busca el almíbar en el cañaveral ardiente, abonando el surco con sacrificio del bueno.

Con enérgico ímpetu derribas cada plantón con la convicción de que aportas un rubro exportable a una economía necesitada de tu empuje.

Hoy tus brazos y coraje se levantan como canto de amor a la esperanza. Tu voz elocuente se replica en cada campo de caña. Hoy, el sol que te arropa admira tu grandeza que alimenta el ingenio con la sabia de la dulce graminia que regalan los valiosos hombres y mujeres azucareros.

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