Radio Grito de Baire
La vida, el compromiso del joven colaborador Pedro Pablo

La vida, el compromiso del joven colaborador Pedro Pablo

Una de las tareas más complejas asumidas por las misiones médicas internacionalistas cubanas ha sido la batalla contra la pandemia por la Covid-19. En el municipio santiaguero de Contramaestre reside uno de esos tantos protagonistas, un joven que ostenta además la condición de estar comprometido con su Patria y la defensa de la vida.

Solo contaba 26 años cuando Pedro Pablo Pacheco Aliaga llegó a Venezuela. Tenía un par de años de experiencia en la práctica médica y ya hacía planes de casamiento y de tener un hijo cuando fue llamado a cumplir misión en la hermana nación. Muy poco tiempo después de llegar a ese país, una noticia conmovió a todos en la misión médica: había fallecido Fidel.

Y aquella noticia los conmovió a todos, “fue uno de los momentos más difíciles”, me cuenta. El legado del Comandante en Jefe constituyó una de sus fortalezas para vencer la distancia de su Patria en medio de la inestabilidad política y la crisis económica que arreciaba en Venezuela.

Describe las acciones de sabotaje contra tiendas, escuelas, centros médicos, la inseguridad en las calles, la violencia generalizada. Todo organizado por grupos al servicio del imperio que, lejos de contribuir con el bienestar de su país, lo sumieron en un profundo caos.

Enfrentar la llegada de la pandemia por Covid-19 fue el punto culminante en la experiencia de Pedro Pablo en Venezuela. Narra con orgullo el modo en el que su grupo de trabajo transformó su centro médico en una sala de terapia intensiva. Comenzó la batalla contra el virus y por la vida, durante ocho meses ya no hubo descanso, a no ser los días de aislamiento después del agotador trabajo.

Pedro Pablo leía a sus pacientes la correspondencia, uno de ellos era un anciano que a través de él recibía el aliento de su esposa. “Era un escenario protagonizado por adolescentes”, me refiere al narrar parte del contenido de aquellas cartas en las que la familia alentaba al anciano y le recordaba permanentemente que le esperaban en casa. Lamentablemente el paciente perdió la vida, pero no se apartó de él en ningún momento y toda su preparación lo puso a su servicio.

Sin embargo la inmensa mayoría de los positivos a la Covid-19 salieron ilesos. Le queda el orgullo del cariño de los venezolanos, que siempre le entregaban muestras de amor y reconocimiento por el valor de estar en una zona roja a la que no siempre querían acceder otros profesionales de la medicina.

De regreso a Cuba, desde Contramaestre, nos deja sus consejos. “Que el virus está ahí, existe y cobra vidas y tras cada muerte hay una familia que queda, que pensemos en ellos, que nos cuidemos…”

Cuatro años de misión en Venezuela, los últimos ocho meses en zona roja, hacen de este joven doctor un protagonista privilegiado de la batalla por la vida, que continua ahora en su tierra natal con el mismo compromiso y más consciente de la justeza de nuestra causa.

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