Radio Grito de Baire
Camilo Cienfuegos, el guerrillero leyenda

Camilo Cienfuegos, el guerrillero leyenda

Hablar de Camilo Cienfuegos es como contar una leyenda. Sí, porque durante años se narra de forma oral y escrita la vida y obra de esta figura de la Revolución Cubana y se transmite de una generación a otra por aquellos que tuvieron el honor de conocerlo o compartir momentos con él.

Llena de anécdotas, su historia revela un hombre sencillo, jovial y valiente que desde niño se inclinó por la justicia social. Así lo evidencian los recuerdos de cuando se iba a los puños en defensa por algún amigo o cuando se alegró por la llegada del ciclón de 1944 hasta que vio la casa de un compañerito en ruinas producto a los fuertes vientes; entonces se entristeció y juró que no se alegraría más por la llegada de un ciclón.

De esa sensibilidad, también dice mucho en las remembranzas de cuando decidió guardar los centavos que le daban para la merienda y lo que tenía ahorrado se lo entregaba a sus padres, quienes contribuían económicamente con el Hogar de Niños Españoles en La Habana, el cual mantenía a 75 huérfanos producto de la Guerra Civil en España.

De Camilo se evoca también su facilidad para gastarse bromas. Quizás la primera de ellas fue bien pequeño cuando una vecina de Emilia, su madre, le advierte que los gitanos se estaban robando a los niños bonitos. Ocurrió que una noche Camilo no apareció a la hora de acostarse y sus padres examinaron toda la casa preocupados.

Mientras Ramón, su padre, se vestía para salir a la calle a buscarlo, Emilia fue a una puertecita en un rincón de la vivienda, la abrió y allí estaba escondido, calladito, muerto de risa. En otra ocasión ya en la lucha armada, andaba con el capitán Orestes Guerra por una zona de Bayamo y de buenas a primera tropieza con varios pescadores y empieza a conferenciar con ellos. Se vira para Orestes y le dice que saque la cámara fotográfica. Este comienza a posar junto a los pescadores y fotos van y vienen. Antes de despedirse, Camilo le dice a los inocentes que no le cuenten de eso a sus familiares o amigos o dejaba la cámara por ahí para que los guardias cogieran el rollo y los aprendieran. Pasaron los años y los pescadores vivieron con el recuerdo de aquel instante sin decir nada, ajenos por completos de que las fotos nunca existieron porque la cámara no tenía rollo.

Este 6 de febrero Camilo Cienfuegos cumpliría 89 años de edad, pero ni el tiempo logra borrar las memorias de ese guerrillero leyenda que se reconoce hoy, como el de las cien batallas y las mil anécdotas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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