Una metáfora de la Cuba real

Jorge Labañino Legrá (Puro) es uno de esos poetas que se deleita con el alcance de la palabra al nombrar zonas que el ojo común no alcanza a vislumbrar. Entre sus libros escritos y publicados desde Baire, en el oriental muncipio Contramaestre, se encuentran “Oración del que traiciona” y “Rumor de higuera”, Ediciones Santiago, 2002 y 2005 respectivamente. También ha publicado recientemente “Un cadáver ideal”, por Editorial Oriente 2017. Conversar con Puro sobre su percepción de la poesía, es un privilegio para el que quiera conocer como un escritor del interior, en Cuba, se representa ese proceso. Su último libro pudiera interpretarse como un cambio profundo en su manera de armar el poema como andamiaje que llegue a cualquier lector, sin importar su ubicación en la pirámide ilustrada.

Arnoldo Fernández Verdecia (AFV): ¿Se puede hablar de una generación de novísimos que defina la literatura de la década de 1990?

Jorge Labañino (JL): El asunto de las generaciones siempre ha sido polémico, hay quienes aborrecen el término a la hora de hablar de literatura. Los jóvenes que escriben arrastran el período que le antecedió, están influidos por una norma, la conversacionalista, o posconversacionalista como la denominó Jorge Luis Arcos.

AFV: ¿Qué impacto tuvieron los 90 en el discurso?

J L: Cambiaron los asuntos hacia los que se orientó la literatura, se dejó de hablar del revolucionario como un ente sin defectos. El enfoque se orientó hacia zonas marginadas hasta el momento. La pérdida de referentes abocó a los escritores a desempolvar temas que retrataran mejor la realidad.

AFV: ¿Algunos críticos señalan que la literatura a finales de los 80 entró en un momento de asfixia, sin embargo surgen nuevos proyectos?

J L: El grupo Diáspora es uno de los que presenta una revista respaldada por un proyecto poético bien fundamentado. Víctor Fowler al hablar de ellos, dice que era una bocanada de aire a la literatura que ya se encontraba vagando en una inercia improductiva. Yo también lo pienso así, claro, este movimiento defendía sus códigos estéticos muy apegados a lo foráneo, carecían de una propuesta estética que naciera de lo propio.

AFV: ¿Qué faltó para el nacimiento de una literatura que rompiese con los 80?

J L: Todo poeta se proyecta hacia una ruptura, hacia una discontinuidad con sus antecedentes hegemónicos. En ese sentido ha faltado una relectura novedosa y creativa de la tradición.

Desde mi posición como escritor trato de negarme a asumir las poéticas actuales, desmarcarme de la moda. Lo determinante es interrogarse a uno mismo en lo que quiere, orientarse a partir de los libros que necesita, nutrirse continuamente y centrarse en la evaluación crítica y superadora del pasado.

AFV: ¿Son importantes los circuitos publicitarios para dar a conocer esas poéticas individuales?

J L: Pueden incidir o no en su promoción; pueden hasta fabricar una imagen en torno a determinados autores, que muchas veces no son los mejores, pero son los favorecidos y entran en la moda de lo novedoso y es lo que la gente lee.

AFV: ¿Cuál es la crítica necesaria para la literatura de los 90?

J L: Una que haga jerarquizaciones sobre los textos y procesos literarios que vive el país. Sería de mucho valor para la historiografía literaria, una crítica vital que haga distinciones entre lo bueno y lo malo; una que en verdad oriente al lector.

AFV: ¿Cuál es la actualidad, en cuanto a lecturas, de los que hacen poesía en los 90?

J L: Hay un vacío inmenso que de una manera u otra lastra su actualidad, si intentamos ubicarla en la órbita universal.

AFV: En  tu último cuaderno, “Un cadáver ideal”, das un giro completamente diferente a la poética que siempre defendiste; algunos amigos, muy cercanos en afectos a ti, llaman «hiperrealismo crítico» a los textos agrupados allí. ¿Qué habría de universal en algo así, se aprecia incluso que renunciaste al poeta de tus primeros dos libros? ¿Pueden dialogar esos textos con Latinoamérica? ¿Un cadáver ideal es una concesión a los tiempos?

J L: Es un libro que nació de circunstancias muy cubanas apegadas al suceder histórico de la isla. Hay en ello un intento de comunicarse con lo universal. Sin embargo en  Latinoamérica quizás pueda sentirse mejor el peso de sus versos. Por ejemplo, el poema “Golpes de estado”,  llega muy profundo a una realidad que puede ser también la de cualquier país de la región. Prevalece en sus páginas la intención de dialogar entre el caminante cubano y las circunstancias que lo rodean; creo que esas mismas circunstancias se pueden respirar en cualquier país de América Latina. En lo sociológico y lo político, es lo mismo.

AFV: Puro, finalmente creo que “Un cadáver  ideal” es algo más que el humano ante su librero buscando el cadáver de la rata amarilla que apesta y el líder que yace bajo ella. (-Por cierto es una idea mía y el poema no me lo dedicaste-). Es un libro que busca el sol, aunque se empeñe como Sísifo, en ir una y otra vez adonde el hedor es impuro y los rayos acribillan a los que se atreven a nombrarlos.

J L: (SONRÍE) “Un cadáver ideal” me ha dado múltiples orgasmos, muchas cópulas.

Arnoldo Fernandez Verdecia

Arnoldo Fernandez Verdecia

Periodista

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