Un filme que profana a José Martí

Hoy, por algunas cosas  que ocurren en la vida, puse mis ideas de José Martí en mi cuerpo, cuando todavía no aparecía el sol por el Este. Era el Martí que me enseñó a ser honrado, a pensar y hablar sin hipocresía, el que me hizo creer en la justicia, en la levadura moral de los pueblos jóvenes de Nuestra América;  el que me hizo maestro, educador, periodista, historiador, escritor de versos, apegado a los humildes, a sus verdades, a sus tristezas, el que padece por todos los que no pueden vivir con honradez y comercian su alma por migajas.

Salí a la calle y el día gris preconizaba tempestades;  un viejo combatiente de la Guerra de Angola me dijo “-Compa, saque el abrigo que hoy hará frío”-;  pero Martí me vestía, no sentía la temperatura gélida que asomaba en la mañana. En mi cabeza las ideas de José Martí parecían ballestas, listas para ser disparadas por el arco de los hombres humildes, esos que hacen Patria y no mendigan favores, influencias, posiciones de poder.

Antes de llegar al trabajo, fui a la justicia, allí donde sus trinos elevan y fortifican el alma; alguien me dijo que con la verdad de José Martí se iba al mundo y nadie podía detenerme. Entonces llegaron  unos diálogos magros, a propósito de la 17 Muestra Joven del ICAIC, sentí mucha vergüenza al leerlos, al extremo que me sentí ofendido.

“Quiero hacer una película” (filme que vulgariza a Martí en una de sus escenas) estaba allí, desnuda, poco inteligente quizás; nunca antes había apreciado algo tan insólito, pero tan germinal a la vez, pues el filme adversa  la vida y obra de Martí, su fuerza expansiva, la teluricidad de su obra.  Aprecien ustedes lo que llega a decir uno de sus personajes: “No lo conocimos…»  Leer más aquí:  Mi toque a degüello por José Martí

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