Un adolescente de trece años llamado Fidel Castro

Fidel Castro a la derecha, junto a René Fernández en el Colegio Dolores.

Fidel Castro  recorrió el pueblo de Contramaestre con trece años,  gustaba de su río por la limpieza de sus aguas. Tuvo varios amigos aquí, entre ellos uno que nunca se fue de Cuba y murió como un sencillo profesor de Educación física: René Fernández es su nombre. ¿Quién era René? ¿Cuándo sucedió el primer encuentro?


En Contramaestre nació René Fernández Bárzaga, era hijo de inmigrantes españoles;  fue compañero de estudios de Fidel Castro en el Colegio Dolores en Santiago de Cuba donde estrecharon relaciones afectivas entre 1939-1942; por eso el padre de René lo invitó a visitar  “Contramaestre” del 10 al 12 de octubre de 1939, tres días no lectivos del plan de estudios. El asiento trasero del auto-cuña de Aquilino acogió a los dos estudiantes. Llegaron a la casa, en el entonces reparto “San Luis”, al mediodía. Inmediatamente el almuerzo se sirvió con un menú a gusto de la dueña de la casa, Enma Bárzaga, esposa de Aquilino. Ese día Fidel tomó agua del Contramaestre y muy pronto  se compenetró con Aida, la cuarta en orden cronológico  de los cinco hijos de Aquilino y Enma. Conversaron mucho en el patio de la casa, luego se fueron al “Contramaestre”, donde bañaron sus cuerpos toda la tarde.
El 11, después del desayuno, volvieron al  “Contramaestre” y visitaron la poza del Diablo, sitio vinculado a tenebrosas leyendas populares desde luces impresionantes, hasta apariciones fantásticas. Castro disfruta las aguas, retozan como mozuelos, siempre vigilados por el ojo atento de Aquilino. Fidel se siente muy atraído por la muchacha, tal vez fue su primer amor, sin pasar más allá de miradas, afectos compartidos y aquellos baños lúdicos en el “Contramaestre”. La agenda se completó con la visita a la poza de Pitillán, que los lugareños bautizarían más tarde con el nombre “Chorrerón”. Decían las invenciones populares que en aquella poza existían caimanes. Fidel, Aida  y René no vieron ninguno. Un paseo de rocas permitía cruzar de un lado a otro sin mojarse. Aquilino no les extendía el permiso para ir a la más célebre  de las pozas: “El Encanto”, también con una carga de ficciones, desde fantásticas sirenas, hasta ahogados impactantes.
En la poza “El Diablo” disfrutaron largas zambullidas, brazadas  a lo largo y ancho de la misma, juegos, bromas, miradas furtivas, corazones agitados por la cercanía de los cuerpos. Las horas transcurrían sin apenas darse cuenta. Al mediodía, regreso; almuerzo abundante. Toma nuevamente el agua del “Contramaestre”, que llega fresca a través de unas tuberías desde el mismo río hasta la casa. Breve descanso y nuevamente al “Contramaestre”. Decía René que Fidel no quería salir de la Diablo y Aquilino tuvo que ponerse fuerte.
El 12, alrededor de las cinco de la mañana, inició el viaje de retorno a Santiago de Cuba. En su cabeza, recuerdos del magnífico río “Contramaestre” , su agua dulce, de Aida, el pueblo. Volvió varias veces, pero en otras condiciones, pues sus ideas fertilizadas por Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, lo habían colocado en la vanguardia de una nación,  que decidió romper el dogal de  la tiranía de Fulgencio Batista.

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