Sueño y destino de un emigrante de Santiago de Cuba

Vivía en la casa de su madre y el padrastro.  No había espacio. La niña se ahogaba de calor; tosía ante la nicotina absurda de la abuela; pero no podía decirle nada, era un agregado con matrimonio e hija; tenía que acogerse a sus reglas o irse.  El salario no alcanzaba para ir a comprar los alimentos básicos de la semana. Todo se volvía cuentas, sumas, restas, pero no daba el bolsillo por mucho que lo estirase.

Día por día hacía la ruta de ida y vuelta por su Santiago de Cuba amado a investigar sobre la Vieja Trova, la Nueva Trova y una que otra ves  caían unos pesitos de más. La cosa mejoraba, pero luego volvían las estrecheces materiales; las discusiones con la mujer y los tonos subían. Se culpaban mutuamente de las miserias.
Había que irse del país, porque no podían más con las limitaciones materiales. Así lo dijo a su mujer, ambos lloraron esa noche, no querían abandonar su Santiago natal, pero no podían más, entonces comenzó  una odisea que marcaría sus vidas para siempre. Leer todo en el siguiente artículo: SUEÑO Y DESTINO DE UN EMIGRANTE SANTIAGUERO

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