La primera visita de Fidel Castro a Contramaestre

La primera visita del lider cubano Fidel Castro Ruz a Contramaestre tiene toda una historia de antecedentes históricos. Apenas 26 años de creado tiene el poblado y ya  una de las familias de allí, manda a estudiar en el Colegio Dolores de Santiago de Cuba, a uno de sus hijos: René Fernández Bárzaga. Corría el año 1939 y sus padres Aquilino y Enma, tenían muchas esperanzas en la decisión tomada y no se equivocaron.

Fernández Bárzaga alcanzó notas satisfactorias, es aplicado e hizo buenos amigos enseguida, uno de ellos llamado Fidel Alejandro Castro Ruz, hijo de un gallego de Birán.

En las visitas de Aquilino al Colegio Dolores, René le presenta a Fidel; a Ángel y a Lina, los padres de este. Fidel hace lo mismo con los progenitores de René. La amistad se estrecha en afectos y muy pronto el viejo Aquilino invita al muchacho a pasarse unos días en Contramaestre. El 10 de octubre de 1939 el plan lectivo tenía tres días libres, era feriado y luego venía el fin de semana; así que era el momento ideal.

El asiento trasero del auto-cuña de Aquilino acogió a los dos estudiantes. Llegaron a la casa en el entonces reparto “San Luis”, al mediodía. Inmediatamente el almuerzo se sirvió con un menú a gusto de la dueña de la casa. Ese día Fidel tomó agua del Contramaestre y muy pronto  se compenetró con Aida, la cuarta en orden cronológico  de los cinco hijos de Aquilino y Enma. Conversaron mucho en el patio de la casa, luego se fueron al “Contramaestre”, donde bañaron sus cuerpos toda la tarde.

El día 11 de octubre, después del desayuno, volvieron al  “Contramaestre” y visitaron la llamada “Poza del Diablo”, sitio vinculado a tenebrosas leyendas populares desde luces impresionantes, hasta apariciones fantásticas.

Castro disfrutó de las aguas del rio, todos retozaron como mozuelos, siempre vigilados por el ojo atento de Aquilino. Fidel se sintió muy atraído por la muchacha, tal vez fue su primer amor, sin pasar más allá de miradas, afectos compartidos y aquellos baños lúdicos en el “Contramaestre”.

La agenda se completó con la visita a la poza de Pitillán, que los lugareños bautizarían más tarde con el nombre “Chorrerón”. Decían las invenciones populares que en aquella poza existían caimanes. Fidel, Aida  y René no vieron ninguno. Un paseo de rocas permitía cruzar de un lado a otro sin mojarse. Aquilino no les extendió el permiso para ir a la más célebre  de las pozas: “El Encanto”, también con una carga de ficciones, desde fantásticas sirenas, hasta ahogados impactantes.

En la poza “El Diablo” disfrutaron largas zambullidas, brazadas  a lo largo y ancho de la misma, juegos, bromas, miradas furtivas, corazones agitados por la cercanía de los cuerpos. Las horas transcurrieron sin apenas darse cuenta.

Al mediodía, regreso; almuerzo abundante. Fidel toma nuevamente el agua del “Contramaestre”, que llega fresca a través de unas tuberías desde el mismo río hasta la casa. Breve descanso y nuevamente al “Contramaestre”. Decía René que Fidel no quería salir del rio y Aquilino tuvo que ponerse fuerte.

El 12 de octubre, alrededor de las cinco de la mañana, el adolescente de 13 años Fidel Castro, inició el viaje de retorno a Santiago de Cuba. En su cabeza, recuerdos del magnífico río “Contramaestre”, su agua dulce, de Aida, el pueblo. Volvió varias veces, pero en otras condiciones, pues sus ideas fertilizadas por Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, lo colocaron en la vanguardia de una nación  que trajo libertad e independencia al pueblo cubano.

Arnoldo Fernandez Verdecia

Arnoldo Fernandez Verdecia

Periodista

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