Primavera para Fosa común*

 “Fosa común”,  cuaderno de poemas de Onel Pérez Izaguirre, que acaba de ganar el “Premio Primavera en Ciego de Ávila”.

Dicen las mujeres hermosas que los escritores son unos tipos muy raros, pues viven una especie de ensoñación de la que no pueden liberarse; en otras palabras, nunca han sido felices.  En apoyo de esta convicción femenina, acude alguien como Pascal, según él,  los seres  felices no escriben, porque no tienen vocación para hacerlo.

La felicidad y los placeres de la vida no son campo fértil para la  poesía. El joven de Baire, Onel Pérez Izaguirre (Onelito),  es un raro,  envuelto en un cuerpo menudo, miradas extraviadas, parece en verdad un resucitado del reino de los versos;  alguien que ha tomado la palabra como cincel y con ella ha salido a la sociedad a labrarse un destino.  
Sus inquietudes lo han convertido en alguien atento al dolor, quizás movido por la frase emblemática de Shopenhauer, de considerar la existencia humana regida por este axioma. Su poema mayor es todo un himno, parte de un título minimalista, “Fosa común”, donde con una brevedad asombrosa, pero estremecedora, asoma un mundo que bien puede ser el de cualquier persona que experimenta el desarraigo familiar;  o sencillamente un reino simbólico, donde la felicidad no tiene espacio.
Una vez escribí sobre Onelito y lo llamé el poeta de los suburbios, atrapado en una triangulación maldita de carácter laberíntico, que va de una fosa vertiendo a la calle, a una cloaca  tupida, y se explaya en un campo de borrachos llamado Barrio de los chinos, Canta Rana, El canal, o sencillamente el Barrio de las heces.  
De ese mundo precario, duro, surgieron los versos de Onelito, ahí cobró forma “Fosa común”,  cuaderno de poemas que recientemente acaba de ganar el “Premio Primavera en Ciego de Ávila” y constituye un reconocimiento a la obra de este joven bardo, que estoy convencido será nuestro José María Heredia del futuro y ocupará un lugar prominente en el reino lírico oriental y cubano.
Con la lectura del poema “Fosa común” cerramos nuestra ventana de hoy  a Onel Pérez Izaguirre: 

 

Fosa común
Crecí sin padre,
como un perro al que le sale
sangre de la boca.

Nadie siente ese dolor,
sino el poeta cuando preguntan
si existe el padre.

Les digo que no,
la poesía no abandona.
 
Es la culpa quien regresa
y descarga los sesos de mi padre
en la basura.

Me detengo.

Embarrarse las manos
no sirve de nada.  

 

* Tomado del blog Caracol de agua

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