Mella, demasiada obra en tan poca edad

La noche del 10 de enero de 1929 dos balas quebraron uno de los ideales más extraordinarios de los años 20 cubanos. En la avenida Morelos, justo en la calle Abraham González, en Ciudad México, la traición pagada por Gerardo Machado, le arrebató la vida a Mella, joven de solo 25 años, enamorado de las Revoluciones y de Tina Modotti.

A ella, italiana y fotógrafa, residente en México, le acusaron de crimen pasional. Hacía solo 4 meses que romanceaban y ya la historia de amor era como él mismo escribió, algo definitivo. Compartían los mismos principios comunistas y a ella había confesado sus pasiones y desvelos.

Aquel muchacho temperamental, buen orador, con un carácter que arrastraba muchedumbres, de cuerpo atlético, con carnosos labios y ojos oscuros, el “tigre” para las jovencitas de la Universidad de la Habana, hizo sucumbir en la pasión a una Tina, siete años mayor que él.

Quizás le contara que fue hijo ilegítimo de un sastre dominicano que no lo inscribió. Su madre inglesa le dio sus apellidos por lo que su nombre de inscripción fue Nicanor Mac Portland Diez, luego Julio Antonio Mella.

Abogado, buen escritor, periodista, fundador de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), de la Revista Alma Mater, del primer Partido Comunista de Cuba. Militó en el Partido Comunista de México y en el de Venezuela y participó en la Fundación del Comité “Manos fuera de Nicaragua”. Demasiada obra para tan poca edad evidenciaron la claridad de sus intenciones y su espíritu inconforme con el entorno del continente.

Mella, rescató al Apóstol José Martí y trajo a Lenin al contexto universitario. Viajó a Estados Unidos, Bélgica, Moscú y otros países, en claras pretensiones de borrar dominios imperiales. Luego de agravarse la situación política en Cuba con el dictador Gerardo Machado manifestó con hechos la posibilidad real de una lucha armada para eliminar al tirano.

El joven veintiañero más lúcido de aquella época logró armamentos y embarcación para una expedición a Cuba y para ello envió un contacto suyo a reunirse con Rubén Martínez Villena y el nacionalista Carlos Mendieta. Los planes se le confiaron a soplones de Gerardo Machado, quien al conocerlos acuñó que Mella debía morir.

De entre los mismos falsos revolucionarios se puso la trampa para asesinar vilmente al talentoso joven de verbo y acción. Cuenta Tina Modotti que dos fueron las sombras que se abocaron sobre Julio Antonio Mella a acribillarlo, pero solo uno tuvo el valor de dispararle.

La mañana del 11 de enero, las heridas de balas lograron vencer su cuerpo, dejándolo inerte en los brazos de su amada. “Muero por la Revolución”, serían sus últimas palabras. Pero es por la Revolución que aún cuando han pasado 91 años de aquella trágica noche, Julio Antonio Mella sigue estando vivo y constituye un paradigma de joven cubano, ese que hizo más en menos tiempo.

Liliana Lorente Matamoros

Liliana Lorente Matamoros

Periodista

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