La pasión de Silvino y Juana

Hubo un hogar de ancianos en la vida de Juana aquí en Contramaestre, oriente de Cuba, allí construyó amistades, e incluso llegó a amar  con esa ternura propia de las personas de la tercera edad, cuando son comprendidos y respetados sus derechos.

En el hogar, conoció al viejo Silvino y vivieron once años juntos. Nunca se fueron de Contramaestre. Su avanzada edad condicionó a la doctora a separarlos de cuarto; sin embargo, el amor no murió, siguió en gestos, detalles, acciones, que aseguraron la eternidad de un afecto a prueba de tiempo.
El último cumpleaños de Juana, en el hogar de ancianos, Silvino puso en sus manos un vestido hermoso; soñaba vérselo puesto en el bailable del domingo próximo en Contramaestre;   pero el huraño siglo esparció temperaturas gélidas sobre los huesos de sus tardes en familia   y los cansados pulmones  no resistieron.
Dice Juana que lo guarda para el día de su muerte. Nadie puede criticarla por eso –señala-. En esa hora crucial, sabe que Silvino y sus amigos del hogar de ancianos, la acompañarán en el viaje al sueño eterno. Leer y escuchar más en La Juana enamorada de Contramaestre

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