Juan Almeida ni olvidado ni muerto

Para el pueblo de Cuba Juan José Almeida Bosque no está ni olvidado ni muerto. Su legado trasciende no solo en ambientes históricos y políticos sino también ren al arte. Aquel negro sin muchos estudios pero heredero de la estirpe de Antonio Maceo, dispuesto a no rendirse jamás recibe el homenaje sincero cada 11 de septiembre, fecha en que partió de entre los vivos para ir a la eternidad.

Y es que no se puede olvidar la historia de aquellos que siendo tan jóvenes se lanzaron a la lucha por defender un ideal de justicia social aunque les costara la vida.

Con solo 26 años Almeida salió de su casa en La Habana y en una máquina vino hasta Santiago de Cuba para unirse a otros jóvenes indignados con el régimen de Batista, con el objetivo de asaltar la segunda fortaleza militar más importante de Cuba, el Cuartel Moncada. No volvió a ver a su madre, Rosario Bosque (Charo) hasta que triunfó la Revolución.

Así de joven el limpiabotas, mozo de limpieza, taquillero, albañil fue hecho prisionero en Isla de Pinos y al salir se exilió en México. Allí conoció del amor de pareja y de sus cualidades para la creación artística. Fue de sus vivencias en tierra azteca que compuso La Lupe, una carta convertida en canción y que goza de un gran éxito.

Joven pero con la voluntad de luchar para acabar con las penurias del país abordó el Yate Granma y luego subió a la Sierra Maestra donde vivió reveses y victorias, de las cuales ni se quedó de último ni se fue primero, donde conquistó el grado de Comandante y fundó el Tercer Frente Guerrillero.

A partir de 1959, con apenas 32 años confirmó su valía para la naciente Revolución Cubana. Asumió responsabilidades militares, políticas, populares pero nunca olvidó escribir poemas, canciones y libros. Nacieron de su inspiración más de 300 piezas musicales con un extraordinario valor para la cancionística cubana.

Juan Almeida pertenece a aquella generación que cambió los goces de la juventud por el combate cuerpo a cuerpo en plena sierra con la aspiración de librar al país de un régimen de oprobio que impedía a las personas estudiar porque había que trabajar para sobrevivir.

Es así que a 11 años de su deceso su vida y obra no se olvida. La generación que hoy da continuidad al proceso revolucionario que él ayudó a forjar se inspira en su ejemplo para seguir construyendo una sociedad a la altura de sus ideales y principios.

Liliana Lorente Matamoros

Liliana Lorente Matamoros

Periodista

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