Hay que conocer a Baire mucho más allá de su grito

El pueblo de Baire, según la “Síntesis histórica municipal”, surge en 1761. Inicialmente se conoció con los nombres de Mayye, Baite y Baire Arriba, hasta su definitivo San Bartolo de Baire, para diferenciarlo de Baire Abajo, Cauto Baire y Baire Santo, que eran otros barrios.

Baire fue clasificado por la Corona española como partido de segunda clase, perteneciente a la jurisdicción de Jiguaní. Su extensión territorial comprendía unas   seis mil caballerías de superficie.  
Limitaba al norte con el partido de Santa Rita y  con la cabecera principal de San Pablo de Jiguaní; por el oeste con Bayamo y por el sur y todo el este con Santiago de Cuba.
Baire comprendía zonas montañosas; su centro era atravesado por multitud de elevaciones de La Sierra Maestra. Poseía terrenos cuya fertilidad podían rivalizar con las localidades más privilegiadas de Cuba, cuyo color variaba entre el bermejo y negro,  con muy poca parte caliza y pedregosa, era una especie de Mesopotamia oriental, pues estaba entre los ríos Cauto, Cautillo, Jiguaní y Yareyal, así como otras corrientes menores.
El partido de Baire fue fundado en los terrenos del antiguo Corral de Baire Arriba. Era una capitanía pedánea; es decir, un pequeño poblado del mismo nombre por cabecera. En el mismo, para mantener el orden y control de la colonia, se construyó un inmueble con fines militares, al cual se le dio también el nombre de Capitanía Pedánea, cuya máxima autoridad era un teniente. El citado edificio fue construido con paredes de piedra, ventanas con barrotes y techos de tejas francesas; estaba estructurado así: oficina del teniente, sala de espera, cuatro calabozos, bóvedas, almacén, cocina, comedor y sala de servicios.
Las principales actividades económicas que se desarrollaron en Baire fueron  las plantaciones azucarera, cafetalera, tabacalera, pero también la ganadería. Había en el lugar 12 pequeños ingenios de trenes  jamaicanos movidos por fuerza animal, 47 potreros y haciendas de pasto, 1250 estancias de labor y excelentes vegas de tabaco, consideradas entre las mejores del oriente insular.
Para 1820 había ya en Baire una gran cantidad de viviendas de labradores y vegueros, disponiéndose  por el Arzobispo de Santiago de Cuba,  la construcción de una ermita, bajo la advocación de San Bartolomé.
Baire es un pueblo con más de 200 años de historia, surgió a partir de una voluntad congregacional que llevó a vegueros, labradores y autoridades católicas del Arzobispado de Santiago de Cuba, a reconocerlo como partido de segunda clase, con un cuerpo legal para ordenar la vida social, política y económica de su territorio.
Baire, junto a Maffo, tiene una historia, mucho más rica en acontecimientos de todo tipo, que el mismo Contramaestre. A Baire hay que estudiarlo, mucho más allá que el Grito de Baire, porque lo merece con creces, para aprender a ser un buen patriota  que ama a sus raíces. 

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