Guáimaro nos convirtió en ciudadanos cubanos

Guáimaro, 10 de abril de 1869.  El día prometía ser uno más en un pueblo del interior de la Isla, quizás de los tantos cualquiera del Departamento del Centro. Sin embargo, un movimiento de personas armadas llegó hasta la casa de José María García procedentes de Las Villas, Camagüey y Oriente.

Quince tomaron asiento en la sala que funcionó como sesión plenaria. Inició el encuentro. Dos de los asistentes, Antonio Zambrana e Ignacio Agramonte, licenciados en derecho, fueron responsabilizados con la redacción del proyecto de Constitución que someterían a aprobación ese día. Bastaron un par de horas para que estuvieran listos 25 artículos.  Terminaron cerca del mediodía.

En la tarde se reunieron los asambleístas y sometieron a debate el proyecto. Hubo algunas enmiendas objetadas por los orientales, pero finalmente se aprobó el documento ya cerca de las ocho de la noche.

De allí partieron a la plaza del poblado y proclamaron ante la República en Armas, la Constitución de Guáimaro. Un poeta que había sido esclavo, llamado Antonio Frías, salió de la multitud y emocionado improvisó la declamación de un soneto titulado «10 de abril».

En la mañana los primeros acuerdos emanados de la Carta Magna se hicieron cumplir, al nombrarse Presidente a Carlos Manuel de Céspedes, Vicepresidente a Francisco Vicente Aguilera, Presidente de la Cámara a Salvador Cisneros Betancourt y General en Jefe a Manuel de Quesada. También se acordó que la Bandera utilizada por Céspedes el 10 de octubre, presidiera todas las sesiones solemnes de la Asamblea.

José Martí, en una crónica publicada el 10 de abril de 1892, escribiría: “Estaba Guáimaro más que nunca hermosa. Era el pueblo señorial como familia en fiesta”.  De Céspedes dijo: “Ni Cuba ni la historia olvidarán jamás que el que llegó a ser el primero en la guerra, comenzó siendo el primero en exigir el respeto de la ley”.

A partir del 10 de abril de 1869, dejamos de ser súbditos de España, para convertirnos en ciudadanos cubanos. Ciento cincuenta años después, el espíritu de Guáimaro sigue junto a nosotros.

Arnoldo Fernandez Verdecia

Arnoldo Fernandez Verdecia

Periodista

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *