El mito de Netico Rosales en Contramaestre

Ernesto Rosales Matos (Netico) La foto se ha reproducido de una original conservada por su familia.

Siempre he buscado libros de memorias por la carga emotiva, confesional e histórica que portan. No olvido las del líder británico Wiston Churchil, las del escritor  Stefan Sweig, o las del general Máximo Gómez. Nunca imaginé que tuviera una original entre mis manos,  inédita por cierto, la del capitán del Ejército Rebelde Ernesto Rosales Matos, el “viejo” como le decían sus compañeros de lucha, considerado “el hombre de más testículos por estos lares durante la guerra de liberación”. Atrapado por la curiosidad ojeé sus páginas. La leí de un tirón. Fue agradable encontrarme con un texto fundacional para la literatura de campaña en Contramaestre, que no logro saber por qué no se ha publicado en nuestras editoriales nacionales o territoriales. ¿Qué valores literarios e históricos tiene la misma?

Tiene el mérito de presentarnos sucesos trascendentales de la lucha guerrillera en Cuba desde la visión personal de Ernesto Rosales Matos. También ilustra las contradicciones que matizaron diferentes  momentos de la lucha guerrillera en el oriente de Cuba, en las que Rosales Matos aparece como protagonista principal junto a figuras de la talla de Juan Almeida Bosque, Raúl Castro y el comandante en jefe Fidel Castro. Debe significarse su estilo desenfadado a la hora de narrar hechos que lo relacionan con la guerra de liberación nacional entre 1956-1959: “…me inicié en la lucha clandestina, llevando a cabo diversas acciones nocturnas como regar grampas en la Carretera Central, sabotear el fluido eléctrico y quemar cañaverales”, escribe el autor. Uno de esos momentos confesionales asoma cuando escribe: “asalariados al del terrateniente Fico Fernández, administrador principal del Central América en Contramaestre, intentaron comprarme. Los fiquistas quisieron comprarme  ofreciéndome diez mil pesos  para que me pusiera al lado de su amo. Ante mi negativa se sintieron indignados y llegaron a insultarme y amenazarme, pero yo, al igual que mis seguidores, continuamos nuestra línea sin cambio alguno”.
Hay momentos en que se presenta como un guerrero con un alto sentido del honor: “…vino a Baire un comandante llamado Lavastida, que era Jefe del Servicio de Inteligencia Militar (SIM). Al llegar este militarote  con un grupo de matones de uniforme  cogió presos a un grupo de conocidos ortodoxos, entre ellos  a Raúl López que era barbero. Al llegar al cuartel, con el grupo de detenidos, estaba allí el juez de Baire, García Esquerro, que le dijo a Lavastida. Falta el Delegado de esta gente, su nombre es Ernesto Rosales Matos.
“Enseguida vino con un grupo de uniforme en uno o dos jeeps y al llegar a mi casa  me encontraron  en ropa de trabajo, sucio y sudado, exclamando, al verme: ¡Usted es Ernesto Rosales! Y le contesté: ¡Si señor! Está detenido, me dijo.  ¿Usted es ortodoxo? Y le respondí. ¡Si señor! ¿Es que ser ortodoxo es un delito? Así se prolongó el intercambio de palabras, hasta que él, al poco rato, me dijo finalmente: Está libre, no hay problema”.
Otro aspecto que debe destacarse es el amor por Cuba en Ernesto Rosales, expresado en el cumplimiento de las numerosas tareas que se le asignaron entre 1959-1988, entre las que sobresalen: Jefe Militar de la región de Varadero; custodia y seguridad del comandante Fidel Castro, Jefe del Escuadrón 41 de Matanzas, búsqueda de los restos del desaparecido comandante Camilo Cienfuegos, sanear y supervisar el cuerpo de policías de Cárdenas, ascensión al Pico Turquino al frente de 30 oficiales seleccionados, jefe de una compañía en la Farola, Guantánamo, en la lucha contra infiltrados procedentes de la Base Naval, preparación de las primeras Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), Jefe de Batallón en Camagüey, perteneció a la Brigada de Desmonte que creó el Plan de Arroz  entre Bayamo y las Tunas. En 1969 participa en el fomento del Plan de Cítricos Baire-Contramaestre. En 1972 es nombrado Jefe del Sector Campesino en el Plan de Cítricos, responsable de la atención de los asuntos legales relacionados con la tierra en el Plan de Cítricos, auxiliar del departamento jurídico del Plan de Cítricos, y finalmente, Presidente de la  Comisión Municipal que integra en sus filas  a combatientes del Ejército Rebelde y la lucha clandestina.
Este guerrillero murió en la década de 1990 con la certeza que mientras tuviera fuerzas, trabajaría incansablemente para ser útil. Animado por esa divisa se mantuvo en pie hasta la hora final en la casita humilde en la que nació y a la que volvió en los días finales de su fecunda existencia. Sus Memorias están a la espera de que editoriales piadosas se interesen por su contenido y la publiquen definitivamente para el bien de nuestra historia nacional y local.

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