Eduard Encina no era nada común

El 27 de enero de 2018 Eduard cumpliría 45 años. Nadie imaginaba, ni él mismo, que detrás de aquella alegría y su buena vibra, la vida le estuviera jugando una mala pasada. Nadie imaginaba que el evento Tierra adentro que él mismo había creado para promover a los escritores orientales se le dedicara tan pronto sin su presencia.

Y así fue, dos jornadas para comenzar un nuevo periodo en la vida y obra de Eduard Encina Ramírez.

Fue en Contramaestre y Baire, su lugar de origen y familia. Allí donde dejó tanta semilla guardada en lo profundo de la tierra. El 26 de enero tuvo lugar el panel Eduard Encina: ¿un ciudadano común?, donde se habló de sus diversas facetas como escritor y promotor cultural. Y se presentó su poemario para niños El silencio de los peces, Editorial Oriente, 2017.

En esa propia jornada se efectuó otro espacio pensado por Eduard, la peña Café con cuerda; en la galería se mostró su faceta de pintor y se pudo apreciar algunas de sus piezas. En la noche el trovador Leonardo García ofreció un concierto homenaje.

El 27 de enero, fecha de su cumpleaños de natalicio, se colocó una ofrenda floral en su tierra natal, Baire, en el cementerio de este poblado; y en el parque central, donde mismo presentó su primer libro, se presentó nuevamente El silencio de los peces.

En sus últimos días, Eduard pedía que lo trataran como un ciudadano común pero llamaban personas de muchas partes de Cuba y el mundo. Querían saber cómo estaba, querían hacer un milagro. Murió en el Hospital Provincial Saturnino Lora de Santiago de Cuba, el 8 de septiembre de 2017, casi a las 3 de la tarde, cuando Irma comenzaba a arrasar en Cuba.

En sus días finales y de comienzo se fue dando cuenta que no era nada común. No era posible. Muchas personas creían en su palabra y acciones. Eso lo hacía diferente.

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