Carta de un cubano a Carlos Manuel de Céspedes

Querido Padre:

Querido Padre de la Patria: fuiste el primero en lanzarte a la carga. Abriste horizontes a un pueblo sumergido en los márgenes de la esclavitud. Llamaste hermanos a los esclavos que una vez te sirvieron para hacer fortuna. De tus labios salió la clarinada que llega hasta hoy como un sol: “doce hombres bastan para hacer la independencia de Cuba”.

Querido Padre de la Patria: tu respeto al derecho fue grandioso, al aceptar la decisión de la Asamblea de Guáimaro, donde te despojaron de los méritos ganados con hechos de probado valor en la guerra libertadora contra España.

Querido Padre de la Patria: estuviste por encima de las miserias morales de los que envidiaron tu gloria y te obligaron a recluirte en las montañas de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, luego de destituirte en Bijagual, antiguo lugar de Maffo, bajo los fusiles del holguinero Calixto García y el verbo del Marqués de Santa Lucía.

Querido Padre de la Patria: en San Lorenzo alfabetizaste campesinos, ¡qué honrosa misión! Jugabas al ajedrez con hombres sencillos que no decidieron abandonarte, cuando tus propios correligionarios te prohibieron salir del país. Te negaron hasta una escolta para proteger tu vida.

El 10 de octubre, otro grande como José Martí, lo convirtió en motivo de celebración patriótica. De ahí nació una tradición que llega hasta hoy y es costumbre homenajearte en fecha tan germinal para los cubanos: el nacimiento de la nación y la cristalización definitiva de la nacionalidad.

Eres Padre de la Patria, no sólo porque fuiste el primero en abrir los brazos a la libertad y sacrificaste a tu hijo Oscar, sino porque alumbraste a un pueblo en parto doloroso, que decidió cortar definitivamente el ombligo que lo ataba a España.

Tus restos mortales reposan, por azar del destino, en Santiago de Cuba, tierra donde guardaste prisión por radicales posiciones ante la vida y en la que se te hizo el primer homenaje, luego de instaurada la República Mediatizada, por aquel varón que un día estuvo contra ti: Salvador Cisneros Betancourt, el Marqués de Santa Lucía.

Todo cubano de dentro o fuera de Cuba debe amar a su padre mayor, Carlos Manuel de Céspedes, el que engendró la nacionalidad posible y llamó hermanos a todos los hombres.

Padre: usted siempre vivirá en la memoria de mi pueblo. Honrar, honra. Sus méritos a la Patria son más que probados para nunca olvidarlo.

Firma:  EL PUEBLO CUBANO

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