Carlos Manuel de Céspedes nos enseñó la libertad

Céspedes regresa de sus años en París con muchos sueños. Trae pensamientos avanzados, quiere para su pueblo justicia, independencia y respeto como nación.

Bayamo lo acoge nuevamente; allí conoce los detalles de la ejecución de Narciso López en un banquete ofrecido por el Gobernador Toribio Gómez Rojo. Fue tanta su indignación expresada públicamente que lo desterraron 40 días a Palma Soriano.

Al cumplirse la condena vuelve con aires renovados, pero su vocación separatista determina que nuevamente sea condenado, esta vez a Baracoa, donde permanece por varios meses. Las ejecuciones de Francisco Estrampes y Ramón Pintó exacerban su indignación al extremo de protestar contra las autoridades coloniales, por lo que es encerrado varios días en el navío Soberano, anclado en la Bahía de Santiago de Cuba. Al ser liberado tiene que permanecer desterrado por ocho meses en la citada villa oriental.

Tantos contratiempos y persecuciones desmembran su bufete y sus bienes en Bayamo, así que decide partir a Manzanillo; comenzar de cero. Allí, por sus ideas incendiarias vuelve a prisión en 1867, pero finalmente consigue salir en libertad.

Ya el Triunvirato de Bayamo, integrado por Francisco Vicente Aguilera, Francisco Maceo Osorio y Pedro Figueredo, ha desatado el proceso conspirativo. A Céspedes no lo incluyen por su pasión levantisca y porque tiene sobre sí, al espionaje español.

Francisco Vicente Aguilera es el líder del proceso independentista, es el hombre que la mayoría sigue por su calidad moral. Es una persona de elevados valores morales. Todas las conspiraciones hasta la del Ranchón, fueron dirigidas por Vicente Aguilera, pero en esta última, Céspedes y los manzanilleros ya tienen presencia clave, se sienten protagonistas del momento, no quieren esperar más, por eso deciden reunirse en el ingenio El Rosario y nombran a Carlos Manuel de Céspedes, jefe superior de la Revolución.

El capitán general de la isla de Cuba conoce de la situación, se la informan las autoridades de Bayamo, por eso ordena detener y encarcelar a todos los cabecillas, comenzando por Céspedes.

Un telegrama oficial con la orden pasa por las manos de un primo de Carlos Manuel que antes de entregarlo, avisa a los conspiradores. Inmediatamente se congregaron más de 100 hombres en la media noche del 10 de octubre, entre los esclavos liberados por Céspedes y los patriotas de Manzanillo que lo siguen.

El encuentro se produce en el ingenio La Demajagua, allí ondea la bandera cosida con urgencia por la joven de 17 años Candelaria Acosta, llamada cariñosamente Cambula. Ante la enseña, juran luchar por la independencia absoluta de Cuba. Céspedes lee un documento donde expone el programa de la etapa de lucha que se inicia. En la madrugada, parten a su bautismo de fuego, conocido en nuestra historia, como el Grito de Yara.

Arnoldo Fernandez Verdecia

Arnoldo Fernandez Verdecia

Periodista

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