A la sombra de los pinos de Baire

Hay en este libro, quietud, y la historia transcurre, ser ardiendo en el tiempo loco de la vida, estacionario, muerto, sin germinar. Y hay, la palabra revisitada. La palabra como ideal cadáver vivo que sostiene. Palabra como la de Dios o la del poeta que no es lo mismo, pero en determinados tiempos, es igual. Esa que corre a ponerse a salvo de la navaja mientras el amor se desordena, amor, se desordena. A salvo de la crudeza que allá afuera juega todo y todo vale.

Amargo, mordaz tal cual es el uso del lenguaje en este libro. Cadáveres en cada página, o guiños de cadáveres. No lo intenten, reiría Charles Bukoswki desde su lápida. No te salves. Diría el gran Mario. Solo asume que lo ideal, lo divino es aprender a ser cadáver y desde ahí, con esa perspectiva lograda, aprehendida, entonces sí, libre para andar a la buena de Dios, de la mano de la calma, horadando en páginas vencidas, infestándolo todo con la podredumbre de ser.

Este libro es un puente, sí, también lo es, un puente que unirá muchas cosas porque las cosas parecen estar cambiando. Ojalá no haya que aguardar otros diez años para poder acercarnos a la poesía de Jorge Labañino. Leer ampliación aquí: A la sombra de los pinos de Baire

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